Cuba Derechos Humanos

LOS HIJOS DEL PODER

LOS HIJOS DEL PODER
02-06-2010.
José Alberto Álvarez Bravo
Periodista Independiente

(www.miscelaneasdecuba.net).- La interpretación cabal de la realidad
cubana desconcierta a las personas que viven en naciones en las que
impera el derecho. Una de estas personas, –el periodista José Manuel
Grau, del diario español ABC- al parecer atribuyéndome la capacidad de
hacerle percibir a distancia la sensación de lo que significa vivir en
Cuba, me formuló, vía telefónica, un par de preguntas sobre la enésima
destitución de unos funcionarios castristas. Tengo la impresión de
haberlo defraudado.
Solo dotado de una varita mágica, -posándola sobre la frente del
desconcertado- puede alguien hacer entender, por los canales virtuales,
qué es vivir bajo un sistema feudal, modernizado a golpe de reguetón y
cibernética.

El entramado social en los estados democráticos pudiera compararse a un
tapiz. Hilos multicolores conforman la trama y la urdimbre. En una y
otra, estos hilos se colocan en un orden lógico, autenticado por la
milenaria experiencia de la humanidad.

También como en los tapices, el entramado social en los estados de
derecho se construye de manera artesanal, y en ello participa la mayoría
de los ciudadanos. Con la participación de las mayorías, se reparan las
partes mal tejidas, o se desteje por completo y se comienza de cero. El
tejido siempre queda humano, horizontal. Perfectible.

En los estados fácticos, contra toda lógica, no hay entramado social.
Funciona el símil de los hilos, pero con otra disposición.
De inicio, la policromía queda abolida por decreto. Todos los hilos de
un mismo color. En el caso cubano, verde olivo. O rojo.

La disposición no es horizontal, sino vertical. Los hilos no están
colocan unos junto a otros, sino que el conjunto de cada uno de sus
extremos conforma un manojo, sujeto firmemente por la mano del poder. El
manojo –como en una piñata- se abre en abanico, y del otro extremo pende
el destino de cada ciudadano.

Los funcionarios públicos, -cuyos cargos no dependen de la elección
popular, sino de la voluntad del todopoderoso- no pasan de ser simples
intermediarios entre gobernantes y gobernados, sin ningún poder real
para articular iniciativas o planes de su propia autoría
Solo el Tejedor en Jefe dispone la función de cada ciudadano-hilo. O
ciudadano-ovillo. O ciudadano-oveja. Solo el Gran Hermano sabe cómo
hacer feliz a cada uno de los privilegiados moradores del paraíso del
proletariado.

PD. No se si habré podido esclarecer, al menos en parte, el desconcierto
de José Manuel y otros congéneres, imposibilitados de conocer a
distancia las aparentes contradicciones del "caso cubano".

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=28140

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