Cuba Derechos Humanos

SEGUNDA RESPUESTA A SILVIO RODRÍGUEZ

SEGUNDA RESPUESTA A SILVIO RODRÍGUEZ
2010-04-09.
Carlos Alberto Montaner, Escritor, Periodista y Político, Presidente de
la Unión Liberal Cubana.
(www.miscelaneasdecuba.net).-

Estimado Silvio Rodríguez,
Me has respondido con cierta vehemencia. No te gustó mi anterior
contestación a una pregunta tuya. Ojalá estos papeles tengan mejor
suerte. Mi intención no es hostilizarte, sino conversar civilizadamente.
Veamos.

Dices: "Mi hijo Silvio-Liam es una voz que comienza a extender sus
verdades. El ama a nuestro Apóstol, no le resulta incómodo, no desea
borrarlo de la Historia. A él no le crispa que Martí haya dicho: "Viví
en el monstruo y le conozco las entrañas". Él escogió ponerse "el libre"
por no sentirse atado. Asume haber nacido así y su padre aplaude que lo
sienta y lo diga en su clave generacional".

Yo también, Silvio, respeto la memoria de Martí, el más ilustre de todos
los cubanos, pero no sólo el que, con bastante sagacidad y razón, temía
los impulsos imperialistas de Estados Unidos a fines del siglo XIX,
sino, además, el que criticó severamente a Marx y alabó a los
empresarios con iniciativa al grado de afirmar: "Pero los pobres sin
éxito en la vida, que enseñan el puño a los pobres que tuvieron éxito;
los trabajadores sin fortuna que se encienden en ira contra los
trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la naturaleza
humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella".

Como coincido con Martí, Silvio, y no con Fidel, a mi me parece muy bien
que alguien con tu talento haya podido enriquecerse legítimamente, tener
propiedades dentro y fuera de Cuba y poseer una próspera empresa de
grabaciones construida con el producto de su esfuerzo. Lo que quisiera
es que ese privilegio que te han concedido se convierta en un derecho y
se extienda a todos los cubanos. Es cruel y terriblemente empobrecedor
que tanta gente talentosa y con iniciativa, como hay en Cuba, tenga que
vivir subordinada a los caprichos de los comisarios y los burócratas.

Pero volvamos a la generación de tu hijo, la de Silvito "el Libre", que
es, también, la de los míos, y la de Yoani Sánchez y Gorki Águila. ¿No
te parece criminal que esos jóvenes estén obligados a suscribir las
ideas y prejuicios de unos confundidos octogenarios, paralizados por el
miedo y el dogmatismo, que adquirieron sus juicios morales y su
percepción de la realidad y de los conflictos sociales hace sesenta
años, en otras circunstancias radicalmente diferentes? Tenemos que
liberar a las jóvenes generaciones de esa carga nefasta para que sean
capaces de construir libremente sus vidas. Eso es urgente.

Sigo con tu carta. Dices: "Diseñas una Cuba distorsionada que propagan
las monstruosas cadenas. Cortando y pegando repartes un odio que ha
derribado aviones llenos de inocentes. Siempre he reprobado el
hundimiento del remolcador 13 de marzo".

¡Ay, Silvio! ¿Diseño una Cuba distorsionada? ¿Te parece poco que, desde
que se instauró la revolución, hace ya más de medio siglo, el 20 por
ciento de la población ha huido a bordo de cualquier cosa, pagando el
intento con varios miles han muertos? ¿Son falsos los fusilamientos, los
maltratos en las cárceles, los actos de repudio a quienes se atreven a
criticar al régimen? ¿Es mentira la censura?

¿Recuerdas cuando apaleaban a los cubanos por quererse ir del país en
aquellos "actos de repudio", que no han cesado nunca porque hoy los
organizan contra las Damas de Blanco y los demócratas de la oposición?
¿Se te ha olvidado como encerraban a los homosexuales en campos de
concentración, como los echaban de la Universidad tras humillarlos
públicamente? ¿No es verdad que en la primavera del 2003 encarcelaron y
condenaron a penas de hasta 28 años de cárcel a 75 personas por prestar
libros prohibidos, pedir un referéndum y escribir crónicas en los
diarios extranjeros?

¿Qué tiene que ver la denuncia de esas monstruosidades con el condenable
derribo de un avión de "Cubana de Aviación" lleno de inocentes, crimen
que me parece repugnante? Tú condenas, y yo creo en tu sinceridad, el
hundimiento del remolcador "13 de marzo" y el asesinato en ese episodio
de 41 personas, pero ¿por qué no alzaste tu voz en la Asamblea Nacional
del Poder Popular para denunciar el crimen? Eras un diputado, un
representante de la sociedad. ¿Por qué callaste? Si quienes pueden
hablar no se atreven a hacerlo se convierten en cómplices de la barbarie
y contribuyen a perpetuarla. Quienes desean cambios deben proclamarlo
con valentía.

Y luego dices: "Pero quién va a creer que te importan los muertos
somalíes, cuando no te interesan los cubanos que dieron su vida por un
fingido prócer. A mí me conforta saber que no fue en vano el sacrificio
de los caídos en Angola. No sólo porque los haya visto combatir y morir
pobres y limpios, sino porque fueron consagrados en la eternidad por
Nelson Mandela. Atrévete, Carlos Alberto, a afirmar que Mandela mintió
cuando dijo que la presencia cubana en África significó el principio del
fin del apartheid".

Claro, Silvio, que me importan los miles de muertos somalíes
exterminados por el ejército de Cuba en una guerra desigual y sin piedad
que nada tenía que ver con la lucha contra el apartheid y sí con darle
una victoria a la dictadura etíope, entonces aliada de la URSS. Como me
importan, y mucho, los tres mil cubanos que dejaron la piel en África,
sólo porque Fidel Castro, sin consultar con nadie, ni siquiera con el
Partido Comunista, decidió convertirse en un líder planetario y
transformó a la pobre Cuba en la punta de lanza de sus apetencias de
renombre internacional y en el peón más agresivo y oportunista de la
Guerra Fría.

¿Para qué tanto sacrificio? Al final, las tropas cubanas, entre otras
ironías de esa insensata carnicería, acabaron custodiando los intereses
petroleros norteamericanos en la zona de Cabinda, y hoy Angola es una
nación capitalista deseosa de olvidar los años en los que planeaba
construir un estado calcado del modelo soviético. En Angola ya nadie
recuerda aquel proyecto revolucionario por el que murieron tantos
cubanos inútilmente.

¿No crees que es hora de poner punto final a la utilización del pueblo
como carne de cañón para saciar las ansias de notoriedad de una
camarilla sedienta de poder y gloria? ¿No crees que el arrendamiento de
profesionales cubanos para pagar deudas, como si fueran esclavos, en
nombre de la solidaridad internacional, es una ofensa profunda al honor
nacional?

Mi admirado Mandela, Silvio, no mintió: tiene, sencillamente, un ángulo
diferente al mío sobre el papel de las tropas cubanas en África. En todo
caso, lo que me emociona de Nelson Mandela no es su discutible opinión
sobre el rol de las tropas cubanas en ese continente, sino esa
democracia y esa libertad sin ira que les llevó a todos los sudafricanos
en lugar de seguir el ejemplo totalitario de Fidel.

Terminas tu carta de una forma curiosa: "Sé que tus argucias serán
multiplicadas mil veces más que cualquier verdad desde Cuba. Desde esta
dignidad cercada continuaré cantando lo que pienso: Sigo con muchas más
razones para creer en la Revolución que en sus detractores. Si este
gobierno es tan malo ¿de dónde salió este pueblo tan bueno?

Concuerdo contigo, Silvio, en que la prensa libre será más generosa con
mis explicaciones que con las tuyas, pero no es tu culpa. El mundo al
que se adscribía la revolución cubana se derrumbó con el Muro de Berlín
y hoy esa dictadura es sólo un viejo y desacreditado fósil, apenas
emparentado con Corea del Norte, porque ya ni siquiera China y Vietnam
son regímenes comunistas, aunque, lamentablemente, sigan siendo
dictaduras gobernadas por un partido único con mano de hierro.

No obstante, me parece legítimo que continúes cantando lo que piensas e
insistas en defender la revolución y la dictadura comunista. Ese es tu
derecho. Te diré más: la Cuba con la que sueñan millones de cubanos debe
ser un país en el que tú puedas cantar lo que piensas, pero en el que
también quepan Gloria Estefan, Willy Chirino, Paquito D´Rivera y Los
Aldeanos. Una Cuba sin exclusiones.

Entre todos, Silvio, tenemos que forjar esa Cuba tolerante en la que no
se persiga a nadie por manifestar sus ideas. No te equivocas cuando
dices que el cubano es un pueblo "bueno". Todas las dictaduras
comunistas padecían malos gobiernos, pero tenían pueblos buenos en los
que no faltaban los Sajarov, los Walesa y los Havel. En Cuba también
abunda esa clase de héroes. Muchos están presos.

Tenemos que encontrarnos en un claro de la historia patria para darnos
ese abrazo de reconciliación, libertad y cambio que casi todos
anhelamos. Saltemos sobre nuestras diferencias, Silvio, y hagamos un
mundo mejor para nuestros hijos. Un mundo democrático y libre, como esas
veinte naciones que están a la cabeza del planeta; esas veinte naciones
a las que quieren escapar tantos cubanos jóvenes, como tú mismo acabas
de advertir muy preocupado. Entre todos, Silvio, pacíficamente, podemos
cambiar nuestro destino y salvar el futuro.

Con genuina cordialidad cívica,

Carlos Alberto Montaner
Madrid, 3 de abril de 2010.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=27058

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