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Ortodoxias y teorías de la conspiración

Ortodoxias y teorías de la conspiración
Martes 20 de Abril de 2010 13:33 Joaquín Badajoz, Miami

A juzgar por dos comunicados casi simultáneos, de emisores que
aparentemente no tienen nada en común, todos los que, de una forma u
otra, participamos de la sociedad informativa, opinando o distribuyendo
noticias, somos tontos útiles de alguna gran conspiración mediática o,
en el peor de los casos, terroristas virtuales, agentes a sueldo de un
poder oscuro y siniestro. Lo curioso es que pudiera ser precisamente lo
contrario. Aquellos que pretenden bloquear la transparencia informativa,
¿tendrán algo siniestro que esconder?

La explosión de la galaxia mediática en millones de terminales,
enlazadas entre sí mediante comunidades virtuales, ha creado la base
tecnológica para la clonación a gran escala de la información a través
de canales alternativos. Ese bombardeo de bytes retransmitidos y
reflejados en el espejo de la blogósfera puede a veces dar la impresión
de una gigantesca componenda. Pero nunca antes, hay que admitirlo, el
debate sobre un tema tuvo tantas aristas, enriquecido por las visiones y
percepciones particulares, ni permitió una cobertura tan completa como
hasta hoy.

Apenas dos década atrás, toda serialización significativa estaba
restringida y controlada por líderes del sector mediático, y esas
comunicaciones eran proveídas casi exclusivamente por las agencias de
cable, los pool internacionales y los servicios informativos y
periodísticos de las cadenas televisivas, la prensa y la radio. Un
desmesurado poder en las manos de unos pocos. Ahora, a pesar de que
falta mucho por conquistar, algo se ha logrado por cambiar dicho
panorama. La multiplicación, amplificación y rebote de noticias, por la
que compiten hoy en día, casi en igualdad de condiciones, portales Web
de las grandes agencias mediáticas, bitácoras o blogs personales,
páginas de perfil de Facebook, mensajes Twitter y demás plataformas
virtuales, tiene un valor inmensurable para el desarrollo de la sociedad
moderna, permitiendo un acceso más democrático, libre y dinámico a la
noticia en tiempo real.

Esta democratización de las comunicaciones, por su naturaleza un tanto
anárquica y desorganizada, desarticula el monopolio de la información,
lo pone en jaque y se resiste a alinearse tras un objetivo común. En
primer lugar, porque se trata de un universo de microespacios
personales, en los que cada usuario es a su vez ideólogo y censor.
Aunque en teoría puedan orquestarse conspiraciones y extensas campañas
mediáticas, llevarlas a la práctica a gran escala es bastante más
complejo, ya que para sintonizar todos esos puertos diversos debe de
existir una poderosa causa unificadora que difícilmente puede fabricarse
en un "laboratorio ideológico".

De hecho, ya hoy en día es bastante difícil negociar con un zar de los
medios de comunicación la discreción o el encubrimiento de una noticia
políticamente incorrecta, sin que se corra el riesgo de que se filtre y
distribuya por otros canales, arriesgando de esa forma la credibilidad y
la ética periodística de los medios que dirige. Como ha sucedido. Un
ejemplo de esto es el portal desdecuba.com, que hospeda el blog
Generacion Y, con más visitas mensuales de manera periódica que la
mayoría de los sitios oficiales cubanos —y como promedio más que todos
ellos juntos. ¿Cuál es la razón para que una plataforma alternativa
tenga más exposición que todos los portales gubernamentales en un país
donde el estado controla la información? Su credibilidad. No en balde
los aduaneros totalitarios le temen tanto a la multiplicación prodigiosa
de Internet.

El hombre de la ciberépoca tiene el privilegio de ser parte de ese
mega-loop centrífugo, ya sea como emisor, espejo o receptor, pudiendo
incluso si lo desea tener un rol interactivo, analizando, comentando o
añadiendo datos a las noticias publicadas. Tiene, además, el derecho y
la posibilidad de desechar lo que considere basura cibernética, no sea
afín con su credo o simplemente no le interese.

Lo que resulta sospechoso es que algunos gobiernos, instituciones y
personas parcelarios, cerrados y paranoicos que disfrutan de esos
privilegios de la aldea global para diseminar su ideología, se
atrincheren detrás del fantasma de las viejas teorías conspirativas
cuando la maquinaria regresa de rebote.

La parte, como un todo

Desde hace semanas, después que la muerte por huelga de hambre de
Orlando Zapata Tamayo, las respuestas del aparato represivo contra las
manifestaciones pacíficas de las Damas de Blanco y el estado de gravedad
del opositor Guillermo Fariñas recorrieran el mundo —provocando, como es
lógico, el repudio internacional— el gobierno cubano ha comenzado a
denunciar la existencia de un gran complot orquestado por el capitalismo
internacional contra Cuba.

Otro tanto ha insinuado el Vaticano, a partir de que la conducta
pederasta de ciertos prelados haya ocupado los titulares del mundo, con
artículos que le reclaman a la Santa Sede medidas más severas contra los
culpables. ¿Qué hay de cierto tras esas supuestas conspiraciones
anticubana y anticatólica, como ellos las han denominado? En principio,
nada. Por una simple razón: ni esos curas pedófilos son buenos católicos
ni los que desgobiernan Cuba buenos cubanos.

Las "campañas" orquestadas o espontáneas comienzan a comportarse como
tales cuando la parte es interpretada como un todo. Desde esta
estructura monolítica las responsabilidades se disuelven y es imposible
diferenciar un elemento del cuerpo que lo contiene. Esa ha sido siempre
la operación defensiva de las ortodoxias más trasnochadas, enrollarse en
sí mismas como un puerco espín, convertir un dedo índice en un
desmesurado cañón. Toda crítica, por puntual que sea, se transforma
inmediatamente en ataque al conjunto de una ideología. De esta manera
intentan reunir bajo una misma bandera a todos sus simpatizantes o
correligionarios.

Pero sucede que la historia ya ha demostrado de sobra que los repliegues
de tortuga solo proporcionan victorias pírricas temporales y casi
siempre arrastran cismas. Desviar la atención sobre la gravedad de esas
situaciones que el mundo aborrece, con subterfugios totalmente
inaceptables dentro de la lógica moderna, hace más daño que todas las
conspiraciones reales e imaginarias. Juan de Antioquia, llamado
Crisóstomo, boca de oro, uno de los padres y doctores de la iglesia
católica, ya lo advertía: "el camino del infierno está empedrado de
cráneos de sacerdotes". Quizás refiriéndose a algo que también desvelaba
al desaparecido arzobispo Fulton Sheen, una autoridad moral
incuestionable, siervo de Dios en proceso de canonización, y uno de los
pioneros en el uso de los medios sociales de comunicación para la
evangelización, lo que hoy llamamos teleevangelistas: el pecado de los
curas es más abominable porque no actúan en nombre propio sino in
Persona Christi.

¿Por qué en vez de insinuar campañas anticatólicas y pretender que la
fumata, la histeria y la paranoia puedan surtir algún efecto no se toman
acciones puntuales? Se trata de una jugada simplista e irresponsable,
que una religión con dos mil años de magisterio no puede darse el lujo
de aprobar so pena de pasar al almacén de la historia. Se impone una
respuesta conciliar, la reestructuración de la iglesia en torno a su fe,
y la respuesta enérgica de las autoridades eclesiásticas y civiles
frente a conductas inaceptables tanto en el terreno teológico como
legal. Eso es lo que el mundo pide, incluidos los fieles católicos. Nada
más. Cerrar filas en torno a los culpables de actos pederastas e
intentar poner sordina a la resonancia mediática, lejos de aplacar el
problema, convierte a la cátedra de Pedro en cómplice de una práctica
que no es sólo anticatólica, sino antihumana y contranatural.

Aunque etimológicamente conspirar signifique compartir el mismo aire,
perseguir propósitos comunes, el término ha adquirido una connotación
siniestra, en cuanto supone cocinar intrigas, actuar desde el
clandestinaje y la sombra en contra de un enemigo común. Pero en este
caso las demandas son claras: no se acusa a un enemigo sino a una
práctica. Se está denunciando un crimen y los responsables deben hacer
algo efectivo por remediarlo. Ese es también el caso de la "conspiración
contra Cuba".

Ortodoxia contra derechos y libertades

Desde hace semanas el gobierno de la isla ha convocado a una
contraofensiva y despertado las más acéfalas fuerzas intelectuales
contra el supuesto complot mundial. Todos los artículos y comentarios
publicados por esa intelligentsia son increíblemente endebles, absurdos,
tautológicos y pecan de la misma deficiencia teórica: lejos de analizar
el asunto pretenden a capa y espada, sin argumentos, defender a la
"revolución atacada". Es irónico advertir que esa jauría lleve el
mimetismo a un nivel tal que lo único que produzca sea una versión
política de esa ordinaria conducta canina que se conoce como chasing
tail behavior. Son discursos vacíos, que no dicen ni aportan nada en el
orden teórico, porque simplemente "se muerden la cola". Repiten lo que
un amo o su ignorancia les dictan al oído. Y se nota que lo hacen
temerosos —la arrogancia los descubre— porque no conocen el terreno por
el que resbalan.

Ningún análisis serio sobre la situación cubana puede darse el lujo de
jugar con arquetipos maniqueos. Hay millones de matices, uno por cada
cubano de adentro y de afuera, para ser exactos. Y en lo único que
parece estar la mayoría de acuerdo es en que la situación del país es
insostenible —yo diría intolerable— y exige un cambio: llámese
(r)evolución, reforma, transición; póngasele el color político que mejor
se entienda. Y lo cierto es que la dictadura —porque otro nombre no
tiene un gobierno de 51 años— sigue apostando a la ortodoxia sectaria:
cada crítica es una agresión, cada fuga humana un acto de ingratitud y
mezquindad, cada opositor un agente de la CIA, cada ineficiencia del
sistema un sabotaje de Estados Unidos.

Esta bien que un gobierno totalitario y testarudo siga alimentándose de
esas intransigencias, eso demuestra su naturaleza cruel y su
voluntarismo político; pero ¿qué persona medianamente inteligente puede
repetir estas estupideces sin cuestionárselas?

¿En que país del mundo, en qué momento histórico, el hombre ha aceptado
alguna unanimidad que no fuera impuesta? Por eso esa campaña en defensa
de Cuba es tan sospechosa. Los que la firman y suscriben no solo
muestran una total enajenación política sino, lo que es peor, un
profundo desconocimiento de la naturaleza humana.

No dudo que haya algunos que se creen obligados a defender "el último
bastión de sus ideas" a costa del sacrificio y el sometimiento de ese
pueblo que sirve de conejillo de indias para un experimento socialista
que derivó en un gobierno personalista y autocrático. Para esos, sólo
una frase del escritor socialista británico William Morris: "Los hombres
luchan y pierden la batalla, y cuando aquello por lo que lucharon llega,
a pesar de la derrota, resulta que no era lo que se proponían; entonces
otros hombres deben luchar por lo mismo, pero llamándole de otro modo".

Hay otros, sin embargo, que herederos de la vieja escuela estalinista,
atacan y pretenden desprestigiar al pensador ante la impotencia para
discutir sus ideas. Uno de los más lamentables ejemplos es el publicado
en la edición digital de Granma el pasado 16 de Abril: Al agente
Montaner, "ni un tantico así", firmado por el canadiense Jean-Guy
Allard, residente en La Habana. No vale la pena detenerse en la andanada
de improperios y acusaciones que Allard lanza contra Carlos Alberto
Montaner, a raíz de su debate con el cantautor Silvio Rodríguez. Son
puro pataleo de ahorcado, porque aún cuando esa "biografía política" de
Carlos Alberto Montaner fuese cierta, eso no presupone que sus
reflexiones y análisis no sean válidos, certeros y aporten variables
neurálgicas para la solución de la ecuación cubana.

Relativizar y subjetivar la verdad contenida en un discurso a partir de
descalificar al mensajero, es sustraerla de su carácter absoluto, de su
condición de punto de intercepción entre los hechos y la realidad. Una
estrategia además de irresponsable, demagógica. ¿De dónde surge la
peregrina tesis de que un hecho verificable es más cuestionable, o menos
cierto, según quién lo esgrima? La verdad sólo se relativiza en el
tiempo. Es unidimensional en el presente histórico porque se conforma a
partir de una conciencia común, de hechos reales, creencias y valores
colegiados, debatidos en el seno de la sociedad. Eso evita que hombres,
gobiernos o grupos sociales, puedan imponer su propia interpretación de
la verdad sobre los otros.

De esa premisa relativista se alimentaron algunos de los crímenes más
horrendos que ha experimentado la humanidad: la esclavitud, el
holocausto, las dictaduras militares, los genocidios y atropellos de
gobiernos totalitarios. Y en virtud de esa misma verdad relativa, el
mundo miró hacia otro lado. Desde hace más de medio siglo existen
derechos y libertades universales, que no son imposiciones del mundo
capitalista sino todo lo contrario: conquistas del pensamiento
progresista y de los movimientos cívicos. Algo que al parecer desconocen
los autores de la campaña mediática convocada por el gobierno cubano.

Nadie está pretendiendo exportarle a Cuba un modelo aleatorio, sino
luchando porque en la isla se respeten y disfruten esas mismas
conquistas universales, y puedan conciliarse e integrarse en una
plataforma común, en igualdad de condiciones, las aspiraciones de todos
los cubanos. Ese sueño de los hombres de buena voluntad, sólo llegará a
materializarse cuando el debate nacional tenga la libertad necesaria
para moverse fuera de las cotas impuestas por la ortodoxia ideológica,
algo que no depende del embargo ni de ningún otro factor exógeno.
Mientras eso no suceda, ni siquiera en el terreno del pensamiento, el
cubano estará condenado a seguir reproduciendo valores y antivalores
artificialmente impuestos.

Irónicamente, la mejor prueba de esa inflexibilidad crítica son los
mismos artículos publicados en el marco de su ofensiva. No sólo parecen
un calco unos de otros, (des)variando sobre los mismos puntos, e incluso
respondiendo a similares pies forzados; sino que también invitan a los
mismos convidados de piedra, repiten excusas trilladas, se valen de las
mismas estratagemas descalificatorias, como una casa de espejos por la
que se mueven distorsionadas, múltiples versiones de un mismo cuento. El
cuento de la buena pipa: el de la revolución cubana. A la que le debemos
agradecimiento perpetuo por habernos librado de una dictadura
sangrienta, pero mucho más corta que esta bajo la que ya han nacido tres
generaciones de ciudadanos, como si liberar a un pueblo diera luego
derecho a esclavizarlo. La que se autoproclama artífice de todos
nuestros éxitos, pero no se responsabiliza con ninguna de nuestras
miserias. La que siempre encuentra chivos expiatorios para cada una de
sus crueldades.

Los pocos que apoyan la "campaña estatal" desde la isla o desde fuera,
deben tener claro que no se trata de proteger una ideología, sino de
ponerse a favor, o en contra, del progreso de la humanidad y de la libre
determinación de los pueblos. A favor o en contra de una dictadura
hereditaria. A favor o en contra de un pueblo amordazado. Valdría por
una vez resistirse a los chantajes de la ortodoxia ideológica y ponerse
del lado de los débiles. Porque en este caso sí se trata de una
conspiración, orquestada desde La Habana, para seguir justificando su
intransigencia revolucionaria. Un eufemismo, como muchos otros, que sólo
pretende ocultar la naturaleza inmoral y autocrática de un estado
corrupto y carcelario, un gobierno que se resiste a terminar su romance
eterno con el poder.

http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/1271-ortodoxias-y-teorias-de-la-conspiracion.html

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