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Novás en su laberinto

Novás en su laberinto
Domingo 18 de Abril de 2010 09:30 Duanel Díaz Infante

De todos los ensayos cubanos sobre la decadencia de la nación,
posiblemente el más original sea El pathos cubano. En ese escrito,
publicado en 1935 en el poco conocido volumen de misceláneas Homenaje a
Enrique José Varona en el cincuentenario de su primer curso de
filosofía, Lino Novás Calvo reconocía en los espectros de los aborígenes
muertos una especie de maldición, algo que condenaba la isla a una
frustración perpetua. La diferencia de Cuba, con respecto a las demás
naciones de Hispanoamérica, la constituye según Novás "la ausencia de
raza autóctona a partir del primer siglo de colonización". Pero él no
lamenta, como podría esperarse, que ello haya condicionado la falta de
una rica cultura virreinal, comparable a la que hiciera florecer el
barroco de Indias en el Perú y la Nueva España —tan elogiado por Lezama,
lustros después, en La expresión americana.

Para Novás, la población autóctona no hubiera valido tanto por sus
positivos aportes culturales, como por la resistencia que habría
ofrecido a los colonizadores. Ese "vencido muerto" que fue el aborigen
cubano no dejó sino "una herencia negativa: es la herencia de los
muertos, que sufren aún, como una oculta profecía talmúdica, los
actuales pobladores de la Isla". Luego de exterminar a aquella población
tan poco vital que llegó a caracterizarse por el suicidio masivo, los
colonizadores nunca pudieron sentirse vencedores: "Desaparecida la
población indígena, la población que ahora ocupa su lugar tiene ante sí
una tierra blanda y caliente, pródigamente abierta a la semilla y una
muralla de agua que la pone a salvo de las agresiones vecinas. Por
tanto, hay aquí espacio para una familia un poco cansada, procedente
acaso del sur de España, que se halle con ganas de pasar unas largas
vacaciones y regresar, al fin, a su tierra con la nostalgia del trópico.
Otros hombres y otras mujeres de su vecindad irán a renovar esa familia.
No hay en Cuba espacio para grandes hechos, o sea, empresas difíciles de
acometer".

Para la épica está el "continente indómito", lugar de las búsquedas de
El Dorado y epopeyas renacentistas. Hasta la configuración del suelo se
le hace a Novás, en cuyas reflexiones se perciben no pocos ecos del
Ortega de España invertebrada, un indicador de la anomia del país: las
lomas cubanas, dispersas, conforman un "conglomerado geológico, mas no
una armazón férrea, no un esqueleto vertebrado". Ni siquiera las guerras
de independencia le impiden colocar a Cuba entre las naciones "pobres,
dispersivas y débiles"; aunque Novás reconoce que fueron obra de "héroes
y mártires", insiste en que el grito de Yara no llegó más allá de
Oriente. Luego, la tea incendiaria, la reconcentración de Weyler, la
intervención norteamericana, los traspiés de la República…

La maldición de los suicidas

Ahora bien, ¿no ha sido la revolución de 1959 uno de esos grandes hechos
que según este sombrío cuadro Cuba no estaba genéticamente dotada para
llevar a cabo? El pathos cubano está fechado en 1934, en medio de las
secuelas de la revolución del 33. Novás afirma que las últimas
generaciones rebeldes se plantean "la empresa a llevar a cabo que se
impone categóricamente a un pueblo traicionado, la necesidad ineludible
de una reconquista". Pero es justo así, como absoluta reconquista del
país sobre la neocolonización norteamericana y culminación de las luchas
independentistas del siglo XIX, que la revolución de 1959 se convirtió
en nuestra Revolución por antonomasia. ¿Habrá que comprender el
castrismo como un esfuerzo por llenar ese vacío en el origen que habrían
legado los primeros pobladores de la isla? ¿O más bien como otro avatar
de la maldición de los suicidas, de ese "pathos cubano" que, condenados
como Sísifo, los cubanos no logramos superar?

Lástima que Novás no se haya referido a su extravagante teoría de 1934
en los artículos que publicó en Bohemia Libre, denunciando la conversión
de Cuba en un estado comunista, tras asilarse en la embajada de Colombia
en agosto de 1960. Dejaba atrás sus libros, sus cuadros, un manuscrito
que no se ha recuperado con tres nouvelles sobre la Guerra Civil
española. Y hasta dejó, según se cuenta, la televisión encendida,
creyendo quizás que el exilio sería breve. Ciertamente, imaginar
entonces que el castrismo duraría medio siglo estaba más allá de lo
razonable; pero lo imposible es posible, diríamos ahora parodiando a
Lezama, tan dado a citar a Tertuliano. Novás moriría en Estados Unidos
en 1983, luego de una agónica década en el "infierno de la senilidad",
como dice Cabrera Infante en una memorable semblanza en la que cuenta su
última visita a Lino en un hospital de Nueva York.

La 'Órbita' de Lino Novás
Lino Novás Calvo.

Lino Novás Calvo.

Nacido en una pobre aldea de Galicia, de niño había sido enviado por su
madre a Cuba, en 1912, para trabajar con un lejano tío. Fue botero,
boxeador, carbonero, entre otros tantos oficios, y el conocimiento de
primera mano que así adquirió de la vida de las clases bajas del país
propició que, a partir de los años treinta, en sus relatos el lenguaje
popular cubano entrara por vez primera en la alta literatura. "He sido
el primero en escribir puta, nalgas y otras expresiones bruscas en la
Revista de Occidente", reconocía Novás en una carta de 1933. Había
comenzado su carrera de escritor publicando poemas de temática
proletaria en la revista de avance, y en 1931 había regresado a España,
como corresponsal de la revista Orbe. Allí lo pilló la guerra civil, en
la que participó como miembro del Quinto Regimiento, reportando desde el
frente para varias publicaciones anarcosindicalistas. En la contienda,
en la que estuvo a punto de ser fusilado por causa de una falsa
denuncia, vio cosas que, según confesaría, bastaban para hacerlo vomitar
toda su vida; tras la victoria de los nacionales logró cruzar, en
harapos y moralmente derrotado, a Francia para regresar a Cuba en 1940.

Aun cuando nunca perteneció al partido, en la década siguiente Novás
estuvo cerca de los comunistas cubanos, pero se fue desencantando hasta
separarse totalmente de esa ideología. Luego del triunfo de la
revolución de 1959 no sucumbió, como tantos otros, a la tentación
totalitaria. En la serie de artículos Cuba, primer estado bolchevique de
América. Etapas de liquidación de una democracia, el escritor recordaba
que el castrismo no había ocultado demasiado sus intenciones; por
televisión, Castro había dicho en 1960: "La democracia nunca ha
funcionado en América Latina. Nuestro fin es la total dirección (por el
estado). Democracia verdadera es aquella en que cada ciudadano tiene un
fusil". Pero casi nadie oiría esas denuncias de Bohemia Libre: a
diferencia de los españoles y sudamericanos, los exiliados cubanos
serían por mucho tiempo considerados en bloque como derechistas,
batistianos, gusanos… En 1960, ¿quién iba a prestar atención a Lino
Novás Calvo, si el mismísimo Jean-Paul Sartre elogiaba a la Revolución
Cubana como la más original del mundo?

Marginado de los programas de estudio y de las editoriales de su país de
adopción, el autor de La noche de Ramón Yendía se vio privado del brillo
que el establishment de La Habana, desde la todopoderosa Casa de las
Américas, otorgaba por aquellos años a la literatura latinoamericana.
Hasta que en 1990, con la aparición de Obra narrativa en Letras Cubanas,
la maquinaria del rescate se puso en marcha: en esa década se reeditó
Pedro Blanco el negrero, y algunos artículos sobre su obra vieron la luz
en revistas de la isla. Recientemente, la editorial Unión le ha dedicado
a Novás Calvo una Órbita que constituye todo un hito en este sentido.
Preparada por la investigadora Cira Romero, el tomo nos entrega un Novás
que sorprenderá a muchos, no sólo por la ya probada calidad de su
narrativa, sino por el interés que entrañan otras facetas menos
conocidas del escritor.

Sin llegar a la excelencia, la poesía que Novás publicó en la revista de
avance —íntegramente recogida en la Órbita— anuncia la preocupación
social que atravesará, de manera menos programática, buena parte de su
obra narrativa. En algunos de sus cuentos Novás ofreció lo que podríamos
llamar una perspectiva proletaria, en las antípodas de la perspectiva
patricia de los católicos de Orígenes. Nada tiene que ver El pathos
cubano —otro de los escritos rescatados por Cira Romero en la Órbita—
con la visión de la isla infinita, bautizada por la poesía, de un Vitier
o un Lezama, y sí mucho con La isla en peso. La maldición de los
aborígenes, el trabajo de Sísifo, el horror de la plantación, la
precariedad de la factoría: ¿no desarrolla a su manera Piñera en su gran
poema muchos de los motivos de El pathos cubano? La isla de Novás, como
la de Piñera, es tierra de intemperie, donde el sol del mediodía no ha
sido tamizado por los espléndidos vitrales de las quintas criollas.

También en sus notas críticas Novás se nos aparece sorprendentemente
cerca de Piñera. Léase, por ejemplo, Once síntomas (Gaceta del Caribe en
1944), donde reflexiona con ojo clínico sobre la precaria situación del
escritor cubano, diagnosticando la literatura nacional como un "cuerpo
enfermo". Las condiciones de posibilidad de una literatura cubana es uno
de los temas que rondan a Novás, como se aprecia en el magnífico ensayo
Novela por hacer y en su agudo comentario sobre el prólogo de Marinello
a los Relatos del cañaveral, de Luis Felipe Rodríguez. Como era usual
entre los escritores de su generación, que es la de Jorge Mañach y
Nicolás Guillén, Novás aparece preocupado por la búsqueda de lo que
Marinello llamó "cubanismo literario", una investigación de lo nacional
desde los novedosos lenguajes preconizados por las vanguardias. En
varios pasajes se nota, sin embargo, una decidida crítica de lo que
Ortega llamara la "deshumanización del arte", que habría alienado a la
novela contemporánea de su público.

Frente a ese tipo de arte intelectual, Novás preconiza no un folclorismo
ingenuo o sentimental, sino más bien un énfasis en la autenticidad del
escritor. Lo mismo se aprecia, de manera muy dramática, en algunas de
las cartas que le escribiera a su amigo José Antonio Portuondo
(recogidas por la propia Cira Romero en Laberinto de fuego. Epistolario
de Lino Novás Calvo, Ediciones La Memoria, La Habana, 2008), donde Novás
analiza los obstáculos a que se enfrenta en su agónico empeño de
escribir "la novela mil veces empezada y otras tantas interrumpida".
Entre los escritores cubanos, pocos han vivido con la intensidad de Lino
Novás Calvo la literatura como infierno, y a la vez, paradójicamente,
como tabla de salvación.

http://www.diariodecuba.net/cultura/77-cultura/1238-novas-en-su-laberinto.html

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