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Luces, cámaras, acción

Luces, cámaras, acción
Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – El filme clase C en que se ha
convertido la revolución cubana luego de 51 años, revela que tanto los
personajes principales como los secundarios y los extras, hacen los que
les da la gana con el guión. Sólo la escenografía se conserva, aunque
cambiando de locación a lo largo y ancho del país. El sonido es puro
ruido. Las luces unas intermitentes candilejas que se apagan y vuelven a
encender gracias a la destreza del trucaje.

La última entrega de lo que puede ser un falso documental auténtico se
rodó en un agro mercado de Guáimaro, en Camagüey. El guión fue realizado
por el director de Acopio en el municipio. La Dirección corrió a cargo
del Poder Popular. La sinopsis del filme: unas tarimas llenas de cuantas
viandas y hortalizas se cosechan en el país.

El objetivo de la puesta en escena: venderle todo al pueblo luego que
pasaran los funcionarios de la agricultura urbana, de paso por el
territorio. Según la crítica de José Alejandro Rodríguez sobre el falso
documental, Escenografía en tarima, en su espacio Acuse de recibo, del
periódico Juventud Rebelde, la película no se estrenó.

Si bien las tarimas exhibían montañas de tomates, ríos de acelgas,
pirámides de pepinos y un enorme tapiz verdoso donde alternaban la
lechuga y el ají, el achote y el cilantro, la verdolaga y el mamón, no
se dio la voz de ¡A filmar! Es decir, a vender

Todo porque el mercado agro estatal La naranja no estaba contemplado en
el recorrido de los representantes de la revolución. Sólo se escuchó la
voz del asistente de dirección ordenando recoger los equipos.

Los espectadores, después de ser timados con promesas de largometrajes a
lo largo de medio siglo, sólo han visto en pantalla cortos de ficción
sin sonido ni color. O cuando más, dibujos animados donde Elpidio Valdés
(especie de Supermán con ictericia, bigote a lo Groucho Marx y machete a
la cintura) lucha contra Dólar y Cañón.

Tal vez en el instante de recoger las viandas y los vegetales, y dejar a
todos con las manos vacías debían haber pasado un noticiero ICAIC sobre
las desgracias de los pueblos latinoamericanos.

O haber llamado a la super abuela Chuncha, la del comité, quien desde el
animado hace milagros por la revolución al deshacer entuertos en un agro
mercado de Guáimaro.

Quienes desean ver una película documental, de verdad, con escenografía
real, sonido estereofónico, luces y personajes con actuaciones creíbles,
tendrán que votar por el cambio del equipo de realización.

Mientras tanto, ¡luces cámaras, acción!, que aquí se continuará filmando
un falso documental.

http://www.cubanet.org/CNews/y2010/abril2010/14_C_2.html

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