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El último crimen de Stalin

El último crimen de Stalin
René Gómez Manzano

LA HABANA, Cuba, abril (www.cubanet.org) – Hace unos días la opinión
pública mundial se estremeció con la noticia del accidente de aviación
en el que perdieron la vida el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, su
esposa y los miembros de una delegación de alto nivel.
Según las escuetas informaciones de la prensa oficialista cubana, el
hecho tuvo lugar en los accesos a la ciudad rusa de Smolénsk, en cuyo
aeropuerto, en medio de una intensa niebla, pretendía aterrizar la
aeronave presidencial.

Aunque se evalúan también otras posibilidades, los primeros resultados
de las investigaciones apuntan hacia un error del piloto, el cual, a
pesar de habérsele sugerido que se dirigiera a otro sitio, insistió en
tomar tierra en Smolénsk.

Confieso que, al enterarme del luctuoso suceso, me pregunté qué iban a
buscar el Presidente polaco y su comitiva en esa ciudad provincial
perdida en las estepas rusas. La censurada información oficialista no
satisfacía mi inquietud.

Después, a través de la prensa extranjera, supe que los altos
dignatarios se dirigían al tristemente célebre bosque de Katyn, en el
cual, setenta años atrás, la policía política soviética, por órdenes del
tirano José Stalin, exterminó a miles de polacos.
El primero de septiembre de 1939 las tropas hitlerianas, sin previa
declaración de guerra, invadieron la República de Polonia. Los patriotas
de la nación católica eslava, pese a la desproporción de fuerzas,
asombraron al mundo con su épica resistencia.

Al cabo de un par de semanas, mientras los polacos peleaban heroicamente
por contener la invasión nazi, el Ejército Rojo, también sin previa
advertencia, invadió el país por el este. Los seguidores de Stalin
actuaban amparados en el Pacto Molotov-Ribbentrop, suscrito semanas
antes, y que permitía a Hitler y Stalin repartirse el viejo continente.

En Polonia, el ataque a traición condujo al encarcelamiento de miles de
oficiales, prisioneros de guerra de las tropas soviéticas. Meses después
llegó del Kremlin la orden: "¡Extermínenlos!". Los comunistas la
cumplieron al pie de la letra en el bosque de Katyn.

Cuando las tropas alemanas, en su avance hacia Moscú, llegaron al
fatídico lugar y descubrieron las fosas comunes, convocaron a
representantes de la opinión pública mundial como testigos de la carnicería.

Los discípulos de Stalin, demostrando una vez más que su cinismo no
conoce límites, afirmaron que los autores de la matanza habían sido los
propios nazis. Esta mentira fue repetida durante décadas, y sólo en
tiempos de Gorbachov, iniciada ya la Glasnost, algunos órganos de prensa
soviéticos empezaron a reconocer la verdad.

Era justo y necesario que las autoridades de la gran Polonia —libre ya
de las cadenas rojas— acudieran en peregrinación al bosque de la
infamia. Me explico ahora la insistencia del piloto en aterrizar en
Smolénsk y no en otro sitio. ¡En pleno Siglo XXI Stalin sigue asesinando!

http://www.cubanet.org/CNews/y2010/abril2010/16_C_3.html

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