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El legado de Fidel Castro

Publicado el martes, 04.27.10
El legado de Fidel Castro
By OSCAR PEÑA

Los líderes dejan legados. ¿Qué significa dejar un legado? Tiene que ver
con la obra que se deja y la influencia directa o indirecta en la vida
de los demás. Es algo muy serio, ya que el papel del líder puede tener
un impacto positivo o negativo, pero el líder no pasa desapercibido, y
es por ello que está obligado a tener mucha sensatez, sobre todo cuando
está en sus manos la felicidad, el desarrollo, la libertad y el destino
de un pueblo. Fidel Castro como permanente líder vitalicio implantado al
pueblo cubano por más de medio siglo deja profundas huellas en el
presente y futuro de nuestra nación. El desafío para el líder está en
cómo actuar de manera que su legado tenga resultados positivos para su
país. En el caso del legado de Fidel Castro, hay que observar y valorar
si deja una mejor sociedad cubana que la anterior, si superó las
expectativas que se tenían en él, si su sistema y dirección es un modelo
para el presente y para el futuro. Dejar un buen legado es un acto
generoso y de contribución al país.

¿Qué deja Fidel Castro? El mismo tiene que haberse hecho esa pregunta
muchas veces, porque todas las personalidades desean trascender. Son
indagaciones que surgen al acercarse el final de la existencia. Todos
los líderes deben considerar esos momentos porque todo lo que han hecho
y las decisiones que ha tomado serán su legado. Es muy difícil para
cualquier líder que se instaure en el poder por mucho más tiempo del
razonable –ya sólo eso es negativo– salir inocente o intacto del
juicio de la historia. ¿Existe –de derecha o de izquierda– algún
dictador o tirano que haya sido absuelto por la historia? No. Fidel
Castro no será la excepción.

Obviamente los dictadores nunca dejan un legado político positivo, pero
tratan de enmascarar su acción dejando un legado económico, como el
venezolano Marcos Pérez Jiménez, que dejó notables obras públicas, o el
cubano Fulgencio Batista en los años 50 del pasado siglo, la llamada
década de oro cubana. Y está el caso de Augusto Pinochet, que en medio
de tantos crímenes implantó un modelo económico que puso a Chile entre
los primeros países de América Latina. Además de aceptar el pulso
democrático que puso fin a su dictadura, permitiendo un genuino
plebiscito sobre su continuación en el poder, sin imponer sucesores.

Supongamos que el lector desee ser un abogado en este análisis del papel
de Fidel Castro. ¿Cuáles serán sus alegatos de defensa? Es
extremadamente difícil. Aun habiendo gozado Fidel Castro del privilegio
de poseer una personalidad carismática, mucha energía y una excelente
habilidad para vender sueños, no hay en su legado resultados positivos
tangibles. Todos esperan ansiosos su velorio para enterrar también sus
caprichos y “su vieja carpintería'' de fastidiar al cubano. No se
extrañará nada, porque los siquiatras y psicólogos recomiendan siempre
olvidar los feos momentos de la vida.

Los cubanos se conformarían sólo con regresar a tener las calles, los
edificios y las casas de Cuba como en 1959. Hoy nuestros pueblos y
ciudades están destruidos. Ayer los habaneros y los orientales se
celaban de manera sana, hoy se odian por la invasión de policías
orientales a La Habana por desconfiar de los capitalinos. En salud
pública, con excepción del hospital Hermanos Almejeiras, edificio que ya
estaba construido para ser el Banco Nacional, todos los hospitales y
clínicas de la capital existían antes de 1959. Se puede admitir que se
llevó la atención médica a todos los rincones, pero se ha pagado un
precio político-social muy caro. Además, el deterioro del sector después
del fin del subsidio soviético descubre que el sistema de salud de Fidel
Castro era artificial y mantenido. Y el último crimen de infelices en el
hospital siquiátrico de La Habana ha sido la lápida de todo su sistema
de salud. Su sistema de educación, con textos y clases diarias
convertidas en seminarios políticos, sin permitirles escoger carreras y
requiriendo avales ideológicos, también es devastador. Han sido escuelas
de fidelismo. Paradójicamente, somos hoy el pueblo de América Latina
menos nacionalista y apegado a su patria. La mayoría quiere irse y a los
que se quedan no les interesa nada. Somos un pueblo enfermo de enajenación.

El legado de Fidel Castro es negativo. Si su propósito era quedar
marcado en la historia, lo logró, pero no de manera ejemplar. Disfrutó
las mieles del poder de manera permanente, se endiosó, se autonombró
propietario absoluto de Cuba y ahora tendrá que sufrir la sanción
permanente de la historia y de su pueblo. Prometió a Cuba un paraíso y
deja un infierno.

Oscarpena.CUBA@att.net

http://www.elnuevoherald.com/2010/04/27/705457/oscar-pena-el-legado-de-fidel.html

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