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Dejaremos morir a Martí?

Publicado el viernes, 04.02.10
¿Dejaremos morir a Martí?
By MARTIN SANTIVAÑEZ

Decían los romanos que “dulce et decorum est pro patria mori'': es
dulce y honorable morir por la patria. Coco Fariñas ha decidido,
voluntariamente, someterse a la dura disciplina romana e inmolarse por
Cuba y por los cubanos. También por la democracia de todo el continente,
noble y sencilla dama que muchos se afanan en liquidar.

Coco Fariñas anhela morir por sus amigos, por sus hijos y por todos los
presos políticos que hoy se pudren en el Gulag tropical del castrismo.
Coco Fariñas quiere morir en ese hermoso país construido por todas las
sangres. Y busca la muerte porque el despotismo ha convertido a Cuba en
una cárcel gigante que sólo subsiste para esclavizar a la libertad.

La determinación de Fariñas me recuerda, sin duda, la del gran José
Martí. Como él, heroico, el mulato indomable se enfrenta al universo por
una causa superior, dictada por los tiempos, querida por los hombres de
buena voluntad. Martí, nuestro Martí, profeta y mártir, tenía toda la
razón: “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra… ¡los
árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las
siete leguas!''. La hora de los Castro se avecina. ¡Qué terrible
paradoja! Su estirpe ha venido a llenar el agujero infame de Batista y
hoy son ellos los mayores responsables de tanta y tanta sordidez. ¿Qué
régimen perverso, qué ideología asesina obliga a un ser humano a
inmolarse por la libertad? ¿Cuántas víctimas necesita el Leviatán
castrista para aplacar su sed de sangre? ¿Cuántos cubanos y cubanas
deben morir para que, como en el verso de T.S. Eliot, no se extinga el
fuego en lafragua?

Los hombres se transforman ante la historia y son conscientes del papel
decisivo que juegan para la posteridad. La herencia de la oposición
cubana determinará el sendero de las nuevas generaciones. Los suyos son
nombres para el bronce. Por eso, el juicio de Fariñas sobre el gobierno
del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero es doblemente letal.
No sólo acierta al calificar de cobarde e indigna la actuación del líder
socialista. También atina al describir cómo ciertas capitulaciones
diplomáticas y demagogas denotan la ausencia de valores democráticos. Y
un doble discurso patético e ineficaz. Pactar con los Castro mientras
haya gente inocente muriendo en las cárceles de su dictadura equivale a
traicionar todo aquello que defiende una izquierda coherente. He aquí
una nueva línea en la Isla del Gallo de la política con mayúsculas. Ella
divide a los que apuestan por la democracia de los que se someten al
oprobio de una ideología caduca y perversa. Convertirse gustosamente en
un súcubo del castrismo no acerca ni un milímetro la paz. Combatir la
dictadura y fortalecer una magra oposición, sí. Denunciar a sus aliados
y someterlos al escrutinio de la opinión internacional, también.

La superioridad moral de la oposición cubana se ha puesto de manifiesto.
Fariñas tiene razón. Bailar al son de la flauta del castrismo nunca será
un buen negocio, aunque lo parezca. Moratinos se equivoca, para variar.
Esto, con el tiempo, le costará caro al PSOE, al gobierno español y a
toda esa izquierda latinoamericana subyugada por los cantos de sirena
del castrismo. No es posible clamar por los pobres y oprimidos del mundo
si apoyas un régimen fascista que defiende un modelo agotado y criminal.
Es hipócrita atribuirse el rol de conciencia política del continente si,
con la otra mano, suscribes el totalitarismo rancio y vicioso de los
Castro y sus secuaces.

“Eramos una visión, éramos una máscara'', diría José Martí. Eso era la
oposición cubana para tantos latinoamericanos que caminaban hacia el
futuro ignorando el drama de la isla. Cuando la muerte se convirtió en
un arma desesperada, cuando algunos cubanos invocaron al mundo con sus
propias vidas, millones de latinos tomaron conciencia de una realidad
espeluznante. Bajo nuestro cielo, sobre nuestra tierra, hay cientos,
acaso miles de cubanos que prefieren un amargo fin antes que seguir
formando parte de la gran mentira que ha construido Fidel Castro, ante
la indiferencia culpable de tantos de los nuestros. Basta ya. Díganme,
hermanos, ¿dejaremos morir a Martí?

Coordinador del Proyecto DESOL y director del Center for Latin American
Studies de la Fundación Maiestas.

http://www.elnuevoherald.com/2010/04/02/687864/martin-santivanez-dejaremos-morir.html

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