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Baudrand y la traición

Baudrand y la traición
Miércoles 21 de Abril de 2010 10:45 Miguel Cabrera Peña, Santiago de Chile

En las últimas semanas se han producido dos escándalos en Cuba cuyo
corolario ha sido la muerte. Orlando Zapata Tamayo falleció luego de más
de 80 días de huelga de hambre. Con la dramática protesta pretendió que
se le mejoraran las condiciones carcelarias y se le tratara como el
preso de conciencia internacionalmente reconocido que era.

La semana pasada, Roberto Baudrand fue hallado muerto en su apartamento
de La Habana. Baudrand era un ingeniero chileno que se desempeñaba como
gerente de la empresa productora de alimentos Río Zaza, propiedad a
partes iguales del gobierno cubano y del ciudadano chileno Max Marambio.

En apariencia, se trata de dos casos totalmente distintos. Pero aunque
parezca extraño, el primero puede explicar el segundo.

La seguridad del Estado

Los opositores cubanos conocen —y para ello se preparan psíquicamente—
lo que significa ser interrogado por la Seguridad del Estado, que fue el
verdadero interrogador de Baudrand y no la Fiscalía General de la
República. En todo caso, ambas ramas del régimen mantienen constante
colaboración.

Después de la actuación de los "segurosos", no habrá forma de probar que
hubo asesinato. Lo único que hay es un cadáver. Recuérdese que incluso
capitanes, mayores, coroneles y generales cubanos, la mayoría curtidos
en varias guerras, han sido abatidos, aplastados moralmente por
interrogatorios semejantes. Piénsese en los involucrados en el proceso
judicial contra el general Ochoa, y más recientemente, en Carlos Lage y
Felipe Pérez Roque, aceptando ambos su indignidad, denunciada
previamente por Castro en la prensa.

Salvo la oposición política de las últimas hornadas, ningún ciudadano
corriente de ninguna parte del mundo democrático está capacitado para
ser interrogado, durante dos días seguidos, por expertos de la Seguridad
del Estado cubana.

Es evidente que el psicólogo y periodista Guillermo Fariñas, quien
actualmente lleva a cabo una huelga de hambre, ha tenido muy en cuenta
el peligro que significa oponerse al régimen. Así, se ha dado el hecho
de que la muerte —para los cubanos es social, psíquica y finalmente
biológica— la pone primero sobre la mesa el opositor, quien demuestra
que su vida personal es asunto de segundo orden, destrozando así la
estrategia y los objetivos de la eficaz agencia represora de los Castro.

¿Puede alguien pensar que los interrogadores desconocían que a una
persona con afección cardiaca como Baudrand no se le podía someter a la
misma presión que a alguien totalmente sano? La Seguridad del Estado
sabía que Baudrand nunca había sido interrogado ni siquiera por la
justicia ordinaria, como informó a la prensa el asesor legal de
Marambio, el abogado Eduardo Contreras. Éste, que es un hombre de
izquierdas, admitió que en La Habana vio a Baudrand "alterado",
"nervioso" y "preocupado".

Para colmo, Chile no contó con la presencia de un experto en la autopsia
aplicada al cadáver.

La maldad del imperialismo y las empresas de Marambio

El escándalo con la empresa Río Zaza parece inédito, pero no es más que
la continuación coherente de la historia empresarial cubana a partir de
1959. Si como parece hubo corrupción, la pregunta pertinente es desde
cuándo datan los malos manejos y si la empresa de Marambio es la única
que los lleva a cabo en la Isla.

La corrupción en Cuba es generalizada y existe desde hace décadas.

Cualquier lector podría preguntarse: ¿Por qué entonces la empresa de
Marambio? Amigo de Fidel Castro por más de 30 años, el empresario perdió
de vista la ira del "comandante" contra quienes aducen que en Cuba no se
respetan los derechos humanos. Marambio criticó al castrismo en tal
sentido (a pesar de culpar al embargo) durante la campaña del
precandidato presidencial chileno Marco-Enríquez Ominami, de quien era
asesor. Seguidamente, Ominami lo siguió con declaraciones aún más duras.

Marambio olvidó que Castro no perdona semejantes criterios: los
considera traición. No se los perdonó ni siquiera a Michelle Bachelet,
cuya cancillería hizo un fuerte informe en la reunión de la ONU sobre
derechos humanos, pocos días antes de que la mandataria viajara a la
Isla en 2009. Con Bachelet en Cuba, "el comandante" escribió un artículo
antichileno en torno al diferendo territorial con Bolivia. Castro
también creó las condiciones para la poco edificante carrerita de
Bachelet en pos de la entrevista con "el jefe", como le llaman sus íntimos.

Pero al mismo nivel que la ira de Castro vinculada al tema de los
derechos humanos, habría que situar la calamitosa situación económica
que atraviesa la Isla, culpable del actual "corralito". La falta de
liquidez es proverbial (valdría la pena recordar los buques cargados de
alimentos que siempre han esperado frente al puerto de La Habana, sin
atracar, a la espera de que Castro pague lo que debe).

La imposibilidad de pagar a Marambio y lo que Castro considera traición
política de su ex amigo, habrían llevado al anciano a desempolvar viejos
expedientes. Y la historia que él mismo construyó vendría en su ayuda.
Si fue capaz de confiscar propiedades a Estados Unidos por cerca de 6
mil millones de dólares a principios de los sesenta, qué significa un
traidorcillo chileno.

No existe, en fin, inconveniente alguno para que La Habana no le
decomise a Marambio sus propiedades, cosa que sin duda hará.

Contra Estados Unidos la confiscación fue un factor insoslayable en lo
que luego se llamaría impropiamente "bloqueo". El historiador inglés
Hugh Thomas afirmó —y confirmó Rafael Rojas— que "Estados Unidos estaba
dispuesto a relacionarse con una revolución nacionalista radical en
Cuba, que expropiara a sus empresarios incluso, siempre y cuando los
indemnizara y celebrara elecciones". Castro nunca pagó y nunca hizo
elecciones.

Marambio, quizá, acudirá a un tribunal internacional para tratar de
recuperar los 23 millones de dólares que su amigo de otrora le embarga
hoy, según la prensa chilena. Algo hará el empresario para limpiar su
nombre, que Castro ensuciará todo lo que pueda. El embargo, ahora
practicado por Castro, es otra contradicción en un régimen que, si la
contradicción fuera enfermedad, ya hubiera hecho metástasis.

http://www.diariodecuba.net/opinion/58-opinion/1284-baudrand-y-la-traicion.html

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