Cuba Derechos Humanos

EL TERRORISMO TOLERADO

EL TERRORISMO TOLERADO
2009-11-16.
Alfredo Cepero
(www.miscelaneasdecuba.net).- (Primero de cuatro en la serie "Tiempos de
Destinos Inciertos")

Es lamentable que haya sido necesario el brutal ataque contra las Torres
Gemelas del Centro Mundial de Comercio en la ciudad de Nueva York, el 11
de septiembre del 2001, para que los Estados Unidos y una buena parte
del mundo civilizado hayan tomado nota del bárbaro flagelo del
terrorismo como arma política.

Lo cierto es que el terrorismo ni fue inventado por Osama Bin Laden ni
comenzó esa mañana trágica en Nueva York. Como sabemos, el terrorismo
puede ser considerado tan antiguo como la historia del hombre sobre la
Tierra. Pero en las líneas que siguen vamos a limitarnos a regresar al
año 1948 a una ciudad entonces apacible y señorial que mas tarde se
convirtió en víctima del terrorismo más despiadado del Siglo XX: Santa
Fe de Bogotá.

El 9 de abril de ese año, el candidato presidencia l y líder del Partido
Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, fue asesinado ante los ojos incrédulos de
una multitud que lo acompañaba en ese momento. El asesinato desencadenó
acontecimientos que dieron al traste con la IV Conferencia Panamericana
de Cancilleres y casi produjo la caída del gobierno del Presidente
Mariano Ospina Pérez y la toma del poder por los comunistas. Entre las
bandas armadas que produjeron el hecho se encontraba un grupo de
estudiantes cubanos liderados por un entonces desconocido "ganster"
estudiantil llamado Fidel Castro.

En Bogotá comenzó la carrera terrorista del hombre cuya megalomanía y
obsesión de poder multiplicaría por cien las casi 3,000 víctimas del
Centro Mundial de Comercio. Si alguien lo considera una exageración,
tómese el trabajo de calcular las viudas, huérfanos, muertos, heridos y
desplazados ocasionados por la promoción, el financiamiento y la
participación activa de la tiranía de Castro en guerras civiles,
conflictos religiosos y confrontaciones ideológicas en todos los
rincones del mundo durante medio siglo.

Para 1953, y después de haber fracasado en sus intentos de adquirir
notoriedad a través del proceso político, Fidel Castro cambió votos por
balas y asaltó el Cuartel Moncada el 26 de julio de ese año en la ciudad
de Santiago de Cuba en un intento frustrado por derrocar la dictadura de
Fulgencio Batista. De ahí en adelante, el terrorismo y la violencia
serían sus caminos expeditos hacia el poder absoluto.

En los años subsiguientes la sinfonía macabra de los petardos y las
bombas puestas en su mayoría por militantes del "26 de julio" sembraron
el terror en todo el territorio nacional. En una sola noche del mes de
marzo de 1957 explotaron 120 bombas, muchas de ellas en 20 hoteles
habaneros. Entre otros actos de terrorismo estuvieron el incendio de la
Refinería de la Standard Oil, la voladura de los cables de la Estación
de Ferrocarril de Bejucal y de la Estación de Ómnibus, así como las
bombas puestas en Vento y en el Túnel de La Habana.

Los Castro fueron asimismo pioneros del secuestro como arma política que
más tarde imitarían profusamente sus discípulos de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia. El 28 de junio de 1958, fuerzas bajo el
mando de Raúl Castro secuestraron a 18 marineros y 11 infantes de marina
de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos que se encontraban
destacados en la Base Naval de Guantánamo. Y otro flagelo que perturbó
durante dos décadas las comunicaciones aéreas a nivel internacional fue
también iniciado por los Castro con el secuestro de un avión de la
Compañía Cubana de Aviación el primero de noviembre de 1958. El aparato,
que realizaba un vuelo entre Miami y La Habana, fue desviado hacia la
zona oriental de Cuba por militantes del Movimiento "26 de julio" y se
estrelló frente a las costas cubanas con un saldo de 14 muertos y 4
heridos.

El primero de enero de 1959, el pueblo de Cuba despertó a lo que
esperaba fuera un sueño de libertad que muy pronto se convirtió en una
pesadilla de esclavitud. En los 18 meses siguientes fueron fusilados
miles de cubanos, la mitad de ellos sin siquiera ser sometidos a juicio.
Lo que vendría después del triunfo de la revolución dejo pálido el
terrorismo que la precedió.

El 12 de de enero de 1959, el Raúl Castro encumbrado al cargo de
presidente y avalado por miserables como el canciller español Miguel
Ángel Moratinos y el Cardenal Tarsicio Bertone ametralló a 72 personas y
las enterró en una fosa común cerca de la ciudad de Santiago de Cuba.
Por su parte, el cobarde que suplicó que no lo mataran durante su
arresto en Bolivia, Ernesto "Che" Guevara, asesinó sin compasión ni
juicio a 216 cubanos, según ha quedado documentado por la prestigiosa
organización Cuba Archive. La misma hiena arrogante e histérica que
proclamó en 1959 ante la inocua Asamblea General de la ONU en Nueva
York: "Estamos fusilando y seguiremos fusilando".

Al mismo tiempo, el terrorismo desatado por la satrapía durante medio
siglo no ha respetado fronteras políticas ni distancias geográficas.
Desde los primeros meses de 1959, comenzaron a llegar a La Habana
aventureros y miembros de los partidos comunistas de Haití, República
Dominicana, Nicaragua, Paraguay y Panamá. Desde la base de operaciones
de la Isla de Cuba se promovió el terrorismo y se lanzaron invasiones
contra Panamá, República Dominicana, Haití y Nicaragua. Mas adelante,
les tocaría el turno a Guatemala, El Salvador, Colombia, Venezuela,
Bolivia, Uruguay y Argentina. Tantas fueron las agresiones que, en
febrero de 1964, ante acusaciones de Venezuela, el régimen de Castro fue
expulsado de la Organización de Estados Americanos.

Ahora bien, entre todas las campañas de terrorismo castrista en América
Latina, el caso de Chile constituyó el capítulo de mayor éxito para el
régimen comunista. A base de una inversión de $350,000 en la campaña
política de 1970, la tiranía de Castro se apoderó del país cuando
resultó electo presidente el diputado marxista Salvador Allende. Por
desgracia para este último, cuando los militares chilenos decidieron
poner fin a la ingerencia castrista con la toma de la capital y del
palacio de gobierno en 1973, Fidel Castro ordenó desde La Habana a los
militares cubanos que asesinaran al Presidente chileno para reunirlo con
el Che en el salón de mártires que tantos dividendos ha rendido a la
propaganda del comunismo internacional.

El régimen de Castro ha sido desde sus inicios un estudio en
contradicciones, pero ninguna ha sido más obvia ni ha restado más
credibilidad al sistema que su total sumisión a la hegemonía soviética.
De hecho, el brazo del terrorismo comunista cubano fue tan largo como
para cruzar el Atlántico en calidad de "condotiero" de la Unión soviética.

A nombre de su amo moscovita, Castro llevó la guerra a Argelia,
Marruecos, el Congo, Guinea Bissau, Somalia, Yemen del Sur, Angola,
Etiopía, Namibia, Zanzíbar, Irak, el Líbano y Siria. En determinado
momento, los mercenarios cubanos en África alcanzaron la cifra de 60,000
efectivos. El petróleo soviético fue pagado con sangre cubana y, esa
sola acción, equipara a Castro con monstruos de la dimensión de Mao,
Hitler o Nerón.

Por otra parte, contra toda lógica y en desafío de todas las leyes de la
naturaleza estos facinerosos no han reducido sus niveles de
ensañamientos contra el pueblo de Cuba en el transcurso de estos
cincuenta años. Los métodos son más sutiles pero el terror y la opresión
son los mismos.

En una edad en que los seres humanos normales encontramos satisfacción
siendo buenos esposos, padres o abuelos esta jauría desquiciada y
rabiosa siente un placer demoníaco en encarcelar opositores, asesinar
niños y maltratar mujeres. Los tribunales que muy pronto han de
juzgarlos contarán con pruebas abundantes y fehacientes.

Entre ellas: La masacre del Río Canímar en 1980 con un saldo de 7
adultos y cinco niños muertos, el hundimiento del Remolcador "13 de
marzo" en 1994 con un saldo de 37 personas ahogadas, entre ellas
numerosos niños, el derribo de las avionetas de Hermanos al Recate en
1996 con un saldo 4 tripulantes muertos, entre ellos tres
norteamericanos que engrosan las filas de 28 ciudadanos de Estados
Unidos asesinados por la tiranía y, en época mas reciente, el
fusilamiento sin juicio de tres infelices negritos que, en el 2003,
trataron de secuestrar una lancha sin lesionar a ningún pasajero para
escapar del infierno comunista.

Este es a grandes rasgos el terrorismo desatado por el régimen comunista
de Cuba contra su propio pueblo y contra otros países y pueblos. Un
terrorismo que el mundo ha tolerado pero que el pueblo de Cuba no puede
perdonar si queremos paz, desarrollo económico y estabilidad política.

Por otra parte, la tragedia ha sido tan larga que muchos de sus autores
al igual que sus testigos y víctimas han muerto o han sido retirados de
la circulación. Al mismo tiempo, la permanencia en el poder ha permitido
al régimen imponer su propia versión de los acontecimientos. Pero todos
aquellos que seguimos la realidad cubana sabemos que se avecinan cambios
drásticos e inevitables. Entonces no habrá otra alternativa que aplicar
una justicia sin venganzas pero sin excepciones. Porque, como ya
apuntamos en una ocasión, sin justicia no habrá nación.

Miami, noviembre del 2009.

EL TERRORISMO TOLERADO – Misceláneas de Cuba (16 November 2009)
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=24248

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