Cuba Derechos Humanos

CARTA A FIDEL CASTRO

CARTA A FIDEL CASTRO
2009-11-15.
Alex Eduardo P. de la Cruz, estudiante de la Universidad de La Habana

(www.miscelaneasdecuba.net).- La Habana.— Su ilustrísima eminencia que
reposa en las alturas de su trono, ruego a los dioses, que en su
infinita paciencia hoce bajar su mirada y dedique un instante de su
escaso tiempo para atender la queja de un vasallo.

¿No es así, como los siervos debemos referirnos a su graciosa majestad?
O quizás, "los que van a morir te saludan". ¿Cuál de estas dos
expresiones le satisface más? Bueno, sería iluso de mi parte pensar que
usted me responderá esta humilde carta, pues a lo largo de su vida ha
creído inferiores a sus semejantes y sería algo sublime que usted "se
rebajara tanto".

No obstante, comenzaré diciéndole que ha fracasado como pocos en cuanta
empresa se ha aventurado. Pero eso no es nada nuevo; usted tiene
conocimiento de ello y es meritorio para un ser humano como lo es usted,
"valga la aclaración por si pensaba lo contrario", continuar su vida
después de tanto fracasar.

Yo soy un ejemplo vivo de uno de sus errores en la educación marxista,
de la que somos objeto comenzando en nuestra tierna edad escolar, pues
veo con repudio todo aquello que fue y es instrumento para la
perpetuidad suya en el poder.

Aún guardo tristes recuerdos de mi paso por la primaria, cuando el
director de la EIDE, donde cursé estudios, nos decía a todos, que usted
era nuestro padre y que todos los niños cubanos eran hijos de Fidel.
¿Cuánto odio un padre desnaturalizado puede sentir por sus hijos?, que
prostituyó a la madre patria en los deseos y caprichos de los padrastros
rusos, que nos sumieron bajo doctrinas dantescas e infames enseñanzas
bajo tu cómplice mirada.

Esos hijos de ayer son el enemigo de hoy, que reclaman la fallida
apuesta por esa corriente ideológica que sólo servía para mantener una
dictadura que usted lideró por 47 años. Aún hoy esa dogmática y
decadente política sigue inalterable, ya que muchas veces al pasar por
algún parque se puede apreciar tristes escenas de niños marchando al
estilo militar de la Alemania Hitleriana o la URSS Estalinista. ¿Hasta
cuándo usted nos va a seguir empujando hacia el abismo? ¿Por qué tanto
odio hacia el pueblo? ¿Acaso usted nos considera culpables de algo?

Si somos culpables de algo, es de haberle permitido tomar el control de
nuestras vidas, de nuestras mentes, de nuestros sueños y aspiraciones.
Usted es un insaciable agujero negro que absorbe todo a su paso. Algo
destructor que todo cuanto toca deforma y nunca más vuelve a ser como
era, pues lo hace peor a su estado anterior, es la paradoja de la
evolución de la humanidad materializada en un ser mezquino, ambicioso,
oportunista, desleal y traicionero.

Mezquino por la pobreza de tus sentimientos, ambicioso por el insaciable
deseo de poder, oportunista por sacar ventaja del sufrimiento de un
pueblo, desleal por no ser fiel a la justa causa por la que tantos
dieron su vida y traicionero por eliminar uno a uno todos aquellos
compañeros que confiaban en tus "buenas intenciones" y que una vez
fueron tus fervientes seguidores, hasta que al señalarte tus errores se
convirtieron en el blanco de todo tu odio e inseguridad, algo que lo ha
acompañado toda su vida.

Luchando contra fuerzas misteriosas, me disculpo por darle un comienzo
tan poco convencional y lleno de insultos hacia su persona. Pero tantos
años de sufrimiento e impotencia ante la imposibilidad de poder decirle
en su cara todo aquello que merece escuchar y que nadie o casi nadie ha
podido o se ha atrevido a hacer, es entonces que olvidando un poco la
verdadera educación que recibí en mi humilde pero honrado hogar, escribí
cada uno de esos insultos que aunque merecidos me rebajan a su
condición. Pero es un precio que estoy dispuesto a pagar si haciéndolo
me logro despojar de tan pesada carga psicológica; esa misma carga que
tienen que soportar tantos cubanos que hoy guardan injusta prisión, que
viven en tierras lejanas, o que sobreviven en el inframundo insular en
la que se ha convertido esta antes valiente y heroica tierra.

Señor Castro, como verá, es mucho el rencor guardado por jóvenes que
viendo truncados sus futuros por su indolencia hacia el pueblo de Cuba,
se desbordan en una lucha desigual contra su régimen de oprobios. Muchas
veces hemos saltado en nuestras sillas al escuchar tantas mentiras y
tergiversaciones en sus maratónicos discursos. Muchos nos preguntamos
cómo puede sostener la mirada a la multitud que escuchan inmutables sus
palabras llenas de ambigüedades y amenazas, que repercuten de forma
directa hacia ellos sin mover un músculo.

Estas masas se podrían comparar con rebaños que serán sacrificados y
aunque tienen el conocimiento de su triste final, continúan caminando
hacia el inevitable desenlace sin aferrarse a la salvación.

Todo esto me recuerda una vieja película titulada La máquina del tiempo,
donde la especie humana había descendido a la baja condición de alimento
de otra especie más evolucionada, que olvidados sus instintos de
supervivencia pastoreaban y satisfacían sus mínimas necesidades a cambio
de sus propias vidas.

Es muy triste el panorama de Cuba, pero no todo es desgracia, pues aún
hay gente digna que no se doblega ante el odio incubado en la mente de
sus discípulos. Aún muchos sonríen en el calor humano de un abrazo y la
continuidad de los nobles ideales. Otros todavía se arriesgan a confiar
en el prójimo aún después de que usted tanto ha tratado de cortar de
raíz todo vestigio de fe en la raza humana. Aunque en nuestros corazones
llevamos muchas cicatrices de heridas provocadas por usted, aún
conservamos la capacidad de amar.

Ahora le permito un breve receso para que ordene con un chasquear de
dedos a alguno de sus fieles sirvientes que se pelearán por el honor de
hacerle llegar una taza de cereal, porque me imagino que el chocolate se
lo habrán suspendido, para que después de un respiro en lo que saborea
el misterioso contenido de la taza, siga soportando el incesante fuego
que le he abierto y que continuaré un poco más.

Una vez más me disculpo por hacerlo leer tantas verdades que puedan
deteriorar aún más su maltrecha salud y que sólo considero por el
respeto que merece una persona de su avanzada edad. Pero es mi deber el
dejar constancia antes de su nefasto desenlace, de tantos errores
cometidos por su persona y la culpa sin límites ante la historia que
nunca lo absolverá de su deuda contraída con el pueblo de Cuba.

Usted siempre ha sido un imitador empedernido de sus predecesores, de
los cuales ha copiado frases y hechos que hoy forman parte de la
historia del mundo, frases como "La historia me absolverá" de Adolfo
Hitler, "con 12 hombres basta para ganar la guerra" de Carlos Manuel de
Céspedes.

Ha sido seguidor de Alejandro Magno, Julio Cesar, Napoleón Bonaparte,
Stalin, Mussolini, Franco y muchos más personajes que ostentaron el
poder. Pero como el que imita fracasa, usted ha cosechado el fruto de
sus desvaríos de grandeza, y hoy nuestro pueblo ha pagado un alto precio
por seguir los mandatos de un loco desquiciado que ha exigido cumplirse
cada capricho salido de su mente enfermiza sin medir las consecuencias
de esos actos, sin nadie que pudiera parar cada una de sus ideas
descabelladas.

Además de una imposibilidad cerebral de reconocer una equivocación, hoy
se siguen incrustando parches cada vez que se descose el gigante saco,
donde se guardan todas esas ideas que hoy conforman las leyes
incoherentes de nuestro único y extraño sistema que es el Fidelismo.

Como todo ser humano, además de defectos usted tiene cualidades que
algunos, incluso los mismos que lo odian pueden admirar de usted, que
son su inteligencia y su voluntad de luchar por la defensa de un ideal.
Hasta aquí la lista de virtudes.

Pero es oportuno aclarar que si en la segunda virtud no se tiene una
fuerza contraria que ataje un poco el ímpetu del empeño puesto en esta
lucha, así como una segunda voz que nos haga ver las cosas desde otro
punto de vista para pulir esa entereza del medio para lograr el fin,
caeríamos en un estado de barbarie que nos segaría con el fin de
encontrar conchas y secaríamos el mar con su posterior fatalidad.

Es ahí donde usted siempre se equivoca, pues no escucha la voz de la
razón y con esa inseguridad por demostrar algo sumada a la incapacidad
de reconocer que se puede equivocar, lo hacen presa de monstruosos
errores que después del rotundo desastre otro carga con la culpa y
usted, usted se lava las manos, pues es un ser infalible que nunca se
equivoca.

Muchos dirán que sólo me he enfocado en sus errores y que podría haber
dedicado espacio a otros asuntos no menos importantes. Quizás tengan
razón pero creo que todo lo demás es consecuencia de una misma causa y
por supuesto quizás haya una segunda carta para ventilar estos asuntos
de los cuales el rastro de ADN nos lleva hacia usted.

No quisiera terminar esta misiva sin antes referirme a su falta de
respeto de grandes proporciones hacia el pueblo de Cuba. Ese mismo
pueblo que usa hasta el cansancio para sus batallas momentáneas en una u
otra dirección, según lo convenga el momento y las circunstancias. Esas
pobres piezas en el tablero de ajedrez que escenifican en las manos
caprichosas de su jugador ataques en todas direcciones; no se salva el
alfil enemigo ni el caballo amigo según corresponda a la estrategia del
juego y si llegara el momento se sacrificarían por ventaja material.
Total solo son piezas sin valor.

Quizás entonces por ese poco valor que representamos para usted, es que
no ha dedicado ni una sola palabra para sus leales súbditos pues ha
conversado con presidentes, periodistas, estudiantes recién graduados y
personalidades de otros países. Pero a su pueblo ese privilegio se lo ha
negado, una vez más demostrando su poco interés por personas inferiores
que sólo sirven, (según su descerebrado punto de vista), para atender
sus reclamos y obedecer órdenes en los cuales somos muy eficientes.

Como ve una vez más mis disparos han dado en el blanco, pero le
confesaré un secreto. Ni una sola vez he apuntado al objetivo que es
usted; no he tenido la necesidad de hacerlo pues es tan grande su diana
de 50 años que aunque cerrara los ojos siempre acertaría en el blanco.

Mi último comentario para dar una panorámica de su pensamiento es: según
dice en el libro de John Orwell titulado Rebelión en la granja, "todos
los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros". Esta
frase basada en los animales que intervienen en la fábula, no pierde
nada de su significado sesenta y tantos años después y mucho menos
cuando la llevamos a la Cuba de hoy, donde usted piensa que todos los
cubanos son iguales pero algunos son más iguales que otros.

Bueno, ya va siendo hora de la despedida, "por el momento", pues se me
quedan tantos asuntos pendientes que sería muy acertado tocar en otra
oportunidad, si no es que sus secuaces reciben órdenes de apagar mi voz,
como siempre hace con aquellos que osan enfrentársele. Pero sepa usted
que por cada voz que silencie otras 100 se levantarán para denunciar sus
chapucerías. El hombre que clama vale más que el que suplica: el que
insiste hace pensar al que otorga. Y los derechos se toman, no se piden;
se arrancan, no se mendigan (José martí).

CARTA A FIDEL CASTRO – Misceláneas de Cuba (15 November 2009)
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=24235

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