Cuba Derechos Humanos

Remedio santo

Publicado el domingo, 09.06.09
CRONICA DE DOMINGO
Remedio santo
By RAUL RIVERO

Madrid — Cuba, un país al que visitan cada año centenares de hombres y
mujeres enceguecidos por la pasión, los dogmas, el miedo, el oportunismo
o la densidad de las chequeras, necesitaba un libro como Los funerales
de Castro, escrito por el periodista español Vicente Botín.

Publicada por la editorial Ariel, esta especie de memoria de un
corresponsal extranjero en la isla es –a mi modo de ver– el reportaje
más completo, hondo y abarcador que se ha escrito sobre la realidad
cubana en los últimos años.

Son unas 400 páginas de apuntes, informaciones, análisis y descripciones
que fluyen bajo las claves de una antología del bolero y al amparo de
una colección de letreros, fotos y detalles que le dan al libro, por
momentos, una velocidad de cine documental.

Botín, un profesional que viene desde la mecanografía y la punta del
lápiz, trabajó cuatro años como enviado de la Televisión Española en
Cuba. Lo que pasa es que no se quedó petrificado en las agendas de la
cobertura programada por las altas conveniencias. Con prudencia,
seriedad y ciertas argucias se llevó en sus notas privadas (enviadas a
Madrid, a veces, con viajeros desapercibidos) una visión despejada y
realista del día a día de los cubanos y otros asuntos.

Se acercó a la gente desde los bordes frágiles de las sillas desfondadas
de los solares. Desde los portalones y las azoteas donde fluyen la
chispaetrén y el huesoetigre, el bajatelblume y el saltapatrás,
ceremoniosos y densos en botellas desnudas y sospechosas. Miró hacia
adentro también desde las ventanillas siempre trabadas y pegadas con
esparadrapo de los almendrones de los años cincuenta que tosen en las
calles.

Conoció y se acercó a los territorios marginados de la disidencia y a la
vida real de los presos políticos y las damas de blanco, y tuvo todavía
destrezas y recursos para apropiarse al descuido de algunos problemas
que dormitan en los sitios cerrados, convertidos por el vicio del
secretismo oficial, en zonas de peligro y refugios estratégicos.

Botín dejó todas las hemiplejías políticas hechas una bola de papel en
los cestos de la basura donde mismo tiraba las cuartillas dudosas. No se
embarcó en el barretín de las ideologías. No fue a defender ninguna
línea política ni a descalificar a nadie con un plan terrible preparado
en el odio. No. Fue a hacer periodismo como lo que es: un reportero
prudente y alerta. Un hombre que cree en la libertad y en la potencia de
las palabras.

mí me parece muy importante este comentario que hace el periodista Lluis
Bassets en el prólogo del libro. “Quien quiera engañarse puede: tiene
el permiso que le proporciona la ceguera voluntaria practicada durante
50 años con el castrismo. El periodismo es precisamente una actividad
que se construye contra la ceguera voluntaria.''

En realidad, Los funerales de Castro no es tan santo como remedio.
Siempre habrá ciegos voluntarios que van a negar también el libro porque
tiene el resplandor de la verdad.

RAUL RIVERO: Remedio santo – Columnas de Opinión sobre Cuba – El Nuevo
Herald (6 September 2009)
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/columnas-de-opinion/story/536482.html

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