Cuba Derechos Humanos

Volverán las oscuras golondrinas?

Especiales | Cronicario | 23/07/2009 10:58:25 a.m.
¿Volverán las oscuras golondrinas?
La inocencia infantil, sin embargo, convertía aquellas horas densas y
oscuras en una peripecia que se añadía a juegos como el de la caza de
"cocuyos" (luciérnagas) y el del escondite: nada como un barrio en
sombras para la práctica de esos juegos a la que tantas noches nos
entregamos
Por: Leonardo Padura Fuentes

Uno de los recuerdos más persistentes que conservo de mi infancia
–transcurrida en la cada vez más remota década de 1960, del siglo y
milenio pasados– son las largas noches de apagones, como los cubanos
llamamos a los cortes eléctricos.

La inocencia infantil, sin embargo, convertía aquellas horas densas y
oscuras en una peripecia que se añadía a juegos como el de la caza de
"cocuyos" (luciérnagas) y el del escondite: nada como un barrio en
sombras para la práctica de esos juegos a la que tantas noches nos
entregamos.

Casi cincuenta años después de aquellos apagones originarios y luego de
haberlos sufrido también en algunos períodos de los años posteriores
–hasta tocar el clímax de la década de 1990, cuando alcanzaron hasta
dieciséis horas diarias en buena parte del país– parecía que la
maldición de los "cortes eléctricos programados" había sido exorcizada.

Más de una vez, en años recientes, se anunció que el país contaba con
suficiente combustible (incluido el extraído en la isla) y capacidad de
generación como para borrar de la realidad el "molesto apagón", como
suelen llamarlo los voceros oficiales.

Pero la crisis económica internacional, la falta de dinero que afronta
la isla, los precios del petróleo y la posibilidad de reexportar una
parte del que le vende Caracas a La Habana a precios preferenciales o
como pago por los servicios de los colaboradores cubanos, ha puesto el
ahorro de combustible no solo en la agenda económica del gobierno, sino
en los temores de los cubanos que, con insistencia, escuchamos la
noticia de que si no se recorta el consumo, los apagones volverían –como
"las oscuras golondrinas" de que hablara un poeta nacido antes de que se
le diera uso doméstico a la electricidad…

A lo largo de las últimas cinco décadas los cubanos hemos convivido con
las más disímiles carencias. Para algunas hemos encontrado alternativas,
capacidad de adaptación, estrategias de resistencia. Para otras –la
escasez de viviendas o de suficiente comida a precios asequibles– hemos
aprendido a paliarlas de los modos más atrevidos: desde la conversión de
una habitación en dos por el método de construir un entresuelo (la
llamada "barbacoa") hasta la ingestión de cualquier cosa masticable que
llene el estómago sin matarnos (picadillos de carne extendidos con soya,
cáscaras de plátano hervidas y luego marinadas, etc.).

Pero contra el apagón no hay opciones y menos en los largos veranos
tropicales que nos regala la geografía.

Para conseguir el ahorro de combustible necesario ("¡Ahorro o muerte!"
es lema nacional de hoy) el gobierno cubano implementó una serie de
medidas dirigidas a lograrlo en el sector empresarial y productivo del
país, el de mayores índices de consumo.

De inmediato fueron apagados varias horas al día ventiladores y aires
acondicionados, canceladas muchísimas luces, reducida la salida de
ómnibus urbanos y decretado todo un plan de consumo para cada entidad,
con la advertencia de que su incumplimiento podría conducir al cierre de
la industria, oficina, taller que no consiguiera los recortes previstos.

Pero –advierte el plan– si aun así no se conseguía disminuir el gasto de
combustible hasta los niveles exigidos por la economía centralizada,
llegarían otra vez –como las ya citadas golondrinas- los apagones al
sector residencial.

El programa es sencillo: Cuba debe convertir el ahorro en fuente de
ganancias, aunque se dejen de prestar servicios o de producir ciertos
bienes. Los ciudadanos, por su parte, deben imponerse sus propias cuotas
de ahorro, pues ellos también son responsables de los resultados de la
campaña y de que regresen o no los recurrentes apagones.

Hace unos pocos años, para conseguir una mayor eficiencia en el consumo
de electricidad, Cuba lanzó una campaña bautizada como "Revolución
energética" que, entre otros aspectos, incrementó las tarifas eléctricas
en una proporción considerable para los que más consuman, propició
gratuitamente (aunque solo por esa vez) la millonaria sustitución de
bombillas incandescentes por las "ahorradoras" y alentó el cambio de
equipos de alto consumo –viejos refrigerados soviéticos y
norteamericanos, aires acondicionados, televisores, motores para el
bombeo de agua, etc.– por otros de fabricación china, más eficientes.

Al mismo tiempo, fueron sustituidas en muchas partes del país las
odiosas cocinas de keroseno por hornillas eléctricas e, incluso, una
parte de los usuarios de gas butano dejaron de tener la opción de
adquirirlo y debieron cambiar a la electricidad.

Con independencia de que la adquisición de todos esos equipos se hizo
por créditos que muchísimas personas no pueden o tratan de no pagar (al
punto de que los bancos han suspendido radicalmente los créditos a
particulares), ahora una parte considerable del país requiere de la
electricidad, además, para cocinar y utiliza sus cocinas en el horario
de máximo consumo, o sea, a la caída de la noche… ¿Cómo se organizará
la vida si vuelven los apagones? La gente tiembla y prefiere no pensar
en ello…

Ya son varias las generaciones de cubanos que hemos vivido el fantasma y
la realidad tórrida del apagón. Cierto es que el país, a lo largo de los
últimos cincuenta años, ha introducido importantes beneficios sociales
que llegan a toda la población.

Pero las carencias en la alimentación, el transporte público y la
vivienda, entre otros, han sido persistentes. Con ellas a cuestas, ahora
enfrentamos la necesidad de ahorrar combustible para sobrevivir, y el
apagón nos acecha otra vez, al doblar de la esquina, como si participara
en el juego del escondite de mi remota y oscurecida infancia

—————————————————————————

Leonardo Padura Fuentes es escritor y periodista cubano. Sus novelas han
sido traducidas a una decena de idiomas y su más reciente obra, La
neblina del ayer, ha ganado el Premio Hammett a la mejor novela policial
en español del 2005.

TalCualDigital.com :: ¿Volverán las oscuras golondrinas? (23 July 2009)
http://www.talcualdigital.com/Especiales/Viewer.aspx?id=23516

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