Cuba Derechos Humanos

FIN DE LOS SUEÑOS

FIN DE LOS SUEÑOS
2009-07-16.
Francisco Chaviano, Miembro de la Comisión Ejecutiva de la Alianza
Democrática Cubana

(www.miscelaneasdecuba.net).- A poco de triunfar la revolución comunista
de 1959, nos fuimos a vivir a la residencia sita en calle 220 ? 103, en
el Reparto Mayanima, de este pueblo costero del municipio Playas.

La casa rentada por mi hermano Tedy era espaciosa, su patio daba a la
Bahía de Jaimanitas sobre la cual extendía un muelle blanco por donde
nuestros juegos de niños echaron a volar. En el patio semi ovalado,
relleno de arena había un bote de madera de no muy buenas condiciones en
el cual navegó la familia muy pocas veces, pues chocamos contra un
pesquero y nos hundimos poniendo fin a su vida útil.

El Sr. Bardón, vecinos del ? 101 también tenían un muelle. Su hijo
Monguito, un joven de poco más de 20 años, también gustaba de remar y
pescar. Tenía un pequeño bote de color vino, lo suficientemente ligero
como para cargarlo al hombro, echarlo al agua y volverlo a sacar cada
vez que lo usaba.

Los recuerdos de aquel lugar me resultan muy gratos. Mi hermano Tedy
compró una lancha con un pequeño motor fuera de borda, en la cual
paseábamos por la bahía en algunas ocasiones. Luego le quitaba el motor
y la embarcación se convertía en nuestro juguete preferido.

Mi hermano menor, Leonel y mis sobrinos mayores, le pusimos un mástil
con una vela cuadrada a la lancha; remábamos hasta la entrada de la
bahía y allí la desplegábamos. La embarcación empujada por la fuerte
brisa del mar, adquiría una velocidad asombrosa y así recorríamos una
distancia de más de 300 metros a toda marcha. Cuando estábamos cerca del
final de la ensenada, tumbábamos la vela poniendo fin a nuestra carrera.

Frente a nuestra casa había un pequeño parque con numerosos almendros,
donde solíamos degustar el apetitoso fruto que tanto atrae a los niños.

Nuestro perro Nerón, un Bóxer juguetón, a cada rato hacía de las suyas
con su torpeza: allá estaba, corría, luego se acostaba sobre el césped y
lanzaba algo hacia arriba con un tirón de cabeza; de pronto nos dábamos
cuenta que se trataba del patito del niño del vecino, corríamos a
quitárselo y enterrar al desdichado animalito. Aquel era nuestro paraíso.

Pero en el año 1963 todo comenzó a cambiar. Nos quitaron la lancha y el
bote, luego vinieron con el cuento de un "Plan Fidel" para becarios y
como nuestra casa era rentada nos la quitaron al igual que a varios
vecinos más. También con el mismo argumento, nos despojaron del
televisor, la cocina de gas, el refrigerador y otros muebles del hogar;
en momentos en que ya no se ofertaban estos en las tiendas y no había
manera de reponerlos.

De modo que nos ubicaron en una casa de Santa Fe. Llevamos solo nuestra
ropa y las camas para dormir, cosa que se nos concedió como gesto
benevolente de la revolución.

Los becados del cuento no vinieron, pero en su lugar llegaron las Tropas
Guardafronteras, ocupando la rivera oriental con sus guardacostas que
contaminaron de petróleo la rada apacible. También se instalaron allí,
pero en la rivera occidental y el sur, las Tropas Especiales de la
Seguridad del Estado con su talante temerario y se apoderaron además de
la mayor parte de la zona residencial que flanqueaba la caleta.

Quedando en manos civiles algunas pocas residencias de propietarios que
no emigraron como nuestro vecino Bardón y su hijo Monguito.

Finalmente, como para hacer la gracia de espantar los últimos vestigios
de la candidez del lugar, llegó el Pájaro Azul, majestuoso pero con el
alma negra del casco de una torpedera sobre la cual fue construida; tal
vez hecho a la medida de su dueño, el Comandante en Jefe.

Han pasado 46 años, el entonces joven Monguito es hoy un anciano de 67
años que vivió siempre en la citada residencia, la cual heredó de sus
padres. Ahora como antaño, se repite lo del Plan Fidel, en una nueva
versión con el mismo objetivo: despojar a algunos vecinos de su
vivienda. Pero los tiempos han cambiado, por ello las víctimas son más
salteadas y selectivas.

Ahora aplican leyes que salen como de un sombrero para justificar lo que
hacen; sin embargo en el fondo se trata del mismo despojo del que fuimos
víctimas nosotros. La casa se la iban a dar a un Coronel de la seguridad
personal según se dice, pero el apoyo de algunos vecinos primero y la
publicación de la prensa independiente, le hicieron cambiar los planes y
hacer un Hogar Materno, como quien busca ralentizar el abuso cometido
sobre el anciano y su familia.

En el empeño de echar tierra y dar pisón al asunto, hacen propaganda
sobre el citado Hogar Materno, realizan la inauguración y luego la
televisan. El afamado artista plástico de la zona, el Sr. Fuster, que ya
antes había realizado un mural alegórico, ahora dona el unicornio que
dará nombre al parque. Poco le importa al artista la suerte de su
vecino. Compra el permiso para vender sus obras por la izquierda a los
extranjeros.

En el pequeño parque de tantos recuerdos, montan unos aparatos viejos,
eso si recién pintados y el unicornio. Vienen los músicos, otra vez la
prensa y la televisión, llega el Presidente del Parlamento, Ricardo
Alarcón y con él familiares de los cinco espías. Se oye la música,
truenan las palabras rimbombantes; le han cambiado el nombre al parque
de ensueños.

De ahora en lo adelante se llamará Unicornio Azul, pero a penas se
marcha la comitiva, se pierde: ¿navegara sobre la lancha de la vela
cuadrada o habrá ido a visitar a Monguito en su destierro?

FIN DE LOS SUEÑOS – Misceláneas de Cuba (16 July 2009)
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=21759

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