Cuba Derechos Humanos

Expediente para la democracia

Publicado el jueves, 07.02.09
Expediente para la democracia
By VICENTE ECHERRI

La remoción forzosa del presidente hondureño Manuel Zelaya el pasado
domingo, calificada de golpe de Estado y condenada unánimemente por el
mundo, sirve para reflexionar sobre el funcionamiento de las
instituciones –nacionales e internacionales– en el ámbito de nuestro
continente.

Lo primero que resalta es la desmesurada importancia del poder ejecutivo
en los países de la región, calcado, sin duda, del modelo
norteamericano, aunque partiendo de orígenes muy distintos y asentándose
sobre bases muy otras. El sistema presidencialista en América Latina,
que ha dado lugar a tantas manipulaciones tiránicas, hace mucho que ha
demostrado su fracaso.

En los últimos tiempos, sin embargo, el poder investido sobre el
presidente en algunos países de la región (Venezuela, Ecuador, Bolivia y
Nicaragua) ha servido para que el primer magistrado socave las
instituciones que juró amparar y defender mediante el recurso de
consultas públicas que nunca contaron con el auténtico apoyo de los
otros poderes del Estado y que fueron impuestas con presiones y trampas
de diversa índole. En todos los casos, las reformas constitucionales han
servido para fortalecer al Ejecutivo –promotor de una agenda populista
de izquierda– en detrimento del equilibrio de poderes, así como de los
derechos humanos y las libertades fundamentales de los ciudadanos.

Sin embargo, en ninguno de los países donde el presidente ha violado los
principios democráticos de la manera más grosera –siendo el más
paradigmático, por sus niveles de monstruosidad jurídica, el del régimen
cuasidictatorial de Venezuela, que ha convertido al Congreso en una
asamblea unicameral de cipayos– la Organización de Estados Americanos
ha exigido su deposición ni el respeto a las instituciones que su
gestión diariamente vulnera, ni otros países han retirado a sus
embajadores ni mucho menos ha llegado la denuncia al pleno de las
Naciones Unidas.

El que esto ocurra ahora, cuando el Congreso, la Judicatura y el
Ejército de Honduras (con bastante apoyo popular, por cierto) deciden
evitar que el señor Zelaya se valga de la misma triquiñuela de Chávez y
sus compinches para barrenar la Constitución del país, y lo deponen por
la fuerza, todo el mundo parece rasgarse las vestiduras. ¿Por qué?
Porque de alguna manera el sistema presidencialista –pese a su
pregonada división de poderes– le da un peso desproporcionado al
Ejecutivo e inviste al presidente de facultades que casi lo convierten
en un monarca y que, en el caso de América Latina, son herencia directa
de nuestro caudillismo endémico.

Resulta muy curioso, por otra parte, que sea la OEA –que hace sólo unos
días legitimara al despótico gobierno de Cuba con su invitación a volver
al seno de la Organización– la que ahora se escandalice tanto por una
acción que tiene mucho más fundamento institucional que cualquiera que
dimane del poder ilegal y absoluto de los Castro. En este caso, el haber
detentado ese poder por medio siglo parecería que le confiere un aura de
legitimidad a una de las tiranías más viejas de la tierra.

Celebro, a decir verdad, que el Congreso y el Tribunal Supremo y las
Fuerzas Armadas de Honduras hayan hecho valer sus fueros y hayan
abortado una ilícita consulta popular. Tal vez se equivocaron en
expulsar al presidente del país. Debían, más bien, haberlo depuesto
mediante un juicio político y, de haber causa, someterlo a un proceso
penal. En cualquier caso, la infracción es menor, si se tiene en cuenta
que la democracia misma estaba en juego. Asimismo, no creo que Zelaya
deba regresar a Honduras y mucho menos a su puesto. A pocos meses de las
próximas elecciones, me parece más conveniente mantener la interinidad
de este nuevo gobierno; llamado a ser, por su propio carácter, un
árbitro más imparcial en esos comicios.

¡Ojalá que lo ocurrido en Honduras siente un precedente para frenar a
estos líderes que se creen investidos de poderes omnímodos! Pero, y aún
más importante, que la experiencia sirva para que las fuerzas
democráticas de la región empiecen a pensar seriamente en ponerle fin al
sistema presidencialista y a otorgarles mayores facultades a las
legislaturas. Este expediente, por simple que parezca, puede ser
decisivo para la consolidación de la democracia en América.

©Echerri 2009

VICENTE ECHERRI: Expediente para la democracia – Opinión – El Nuevo
Herald (2 July 2009)
http://www.elnuevoherald.com/opinion/story/488012.html

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