Cuba Derechos Humanos

El colchón, una pieza codiciada de hogares cubanos

Publicado el domingo, 07.19.09
El colchón, una pieza codiciada de hogares cubanos
Por WILFREDO CANCIO ISLA
wcancio@elnuevoherald.com

Vive incómodo con su familia en un reducido apartamento de dos
habitaciones en el área de Centro Habana, donde la hora del descanso
nocturno se convierte en un desafío a la penuria. Alberto Escalona, un
rastrero acostumbrado a largas jornadas tras el timón, asevera que desde
hace años duerme con su mujer en una colchoneta de espuma, y que ninguno
de sus tres hijos menores ha podido disfrutar el sueño en un colchón de
muelles.

"He tenido ofrecimientos para comprar un box spring de segunda mano y un
colchón, pero no me alcanza el dinero'', dijo Escalona. "A este paso, a
mis hijos habrá que alfabetizarlos de cómo se duerme en un colchón de
verdad''.

Desafiando los prohibitivos precios del mercado estatal en divisas, una
peculiar industria artesanal ha comenzado a extender sus redes en Cuba
para satisfacer la demanda de la población por un objeto invaluable en
el ámbito hogareño: el colchón.

Los colchoneros cubanos por cuenta propia se las ingenian para fabricar
y reparar colchones en un país donde la materia prima empleada en estas
producciones comerciales es importada y controlada por los organismos
estatales en su casi totalidad, desde los alambres acerados de los
muelles hasta el tejido ancho para cubrir las molduras rellenas.

El colchón se ha convertido en una pieza codiciada en los hogares
cubanos como resultado de la escuálida producción estatal durante
décadas. De ahí que las confecciones artesanales — en su mayoría sin
licencia oficial para operar — hayan generado un floreciente negocio a
lo largo de la isla, con brigadas de producción, servicios a domicilio y
cadenas de distribución que compiten con las ofertas de la industria
gubernamental.

"Este es uno de los oficios con más movimiento en la actualidad, a cada
rato te encuentras una tarjeta de negocios ofreciéndote hasta garantías
en la venta o reparación de un colchón'', comentó desde La Habana el
economista disidente Oscar Espinosa Chepe. ''Hay un negocio de
fabricación de colchones por cuenta propia que ha proliferado
enormemente, porque las necesidades acumuladas por décadas son
gigantescas y la producción del gobierno resulta escasa y a precios
inalcanzables para el cubano común''.

El monopolio de la industria estatal está en manos de Dujo Copo Flex,
una firma mixta cubano-española que fue creada en el 2001 con el
propósito de asegurar las necesidades del país. La empresa, radicada en
el municipio habanero de Boyeros, es la única especializada en la
elaboración de colchones y otros bienes como box springs, cubrecolchones
y almohadas.

Su producción actual es de unos 60,000 colchones anuales, que son
destinados a las tiendas recaudadoras de divisas y a cubrir las demandas
del turismo, según estadísticas publicadas el pasado año por el
periódico Tribuna de La Habana.

"En los precios de la tienda [estatal], ni pensar'', manifestó el
periodista independiente Odelín Alfonso, residente en La Habana. "Hace
dos meses tuve que reparar el mío, que es camero, y el arreglo me costó
80 CUC [unos $100] dando el colchón viejo''.

Los precios en las tiendas estatales oscilan entre 120 y 180 pesos
convertibles (CUC) para los llamados cameros o matrimoniales
(equivalente al queen en Estados Unidos), y entre 60 y 85 CUC los
personales (twin). Un CUC tiene valor de $1.24, de acuerdo con el cambio
oficial en Cuba.

De manera que para un cubano de a pie, adquirir un colchón implicaría un
desembolso de hasta 5,352 pesos, una cifra muy superior al total de sus
ingresos anuales. El salario promedio mensual en Cuba es de 414 pesos
(unos $17).

Así se ha pavimentado el camino para los artesanos independientes, que
ofrecen sus colchones en el mercado negro a precios módicos: entre los
800 y los 1,500 pesos cubanos. Muchos vendedores por cuenta propia de
sitúan con frecuencia en las afueras de los establecimientos
gubernamentales para ofrecer la mercancía más barata.

Para desarrollar su faena, los colchoneros clandestinos se han visto
forzados a suplir la carencia de recursos materiales apelando a las más
inusitadas maniobras.

Los robos en empresas estatales son la principal vía de adquisición de
materiales como muelles de alambre, relleno (guata o espuma de goma) y
tela para forros, pero también los fabricantes apelan a rescatar
parcialmente partes de los colchones ya inservibles o utilizan yerba
seca para rellenarlos.

Luis Hernández, un veterano carpintero que trabaja para Dujo Copo Flex,
dijo a El Nuevo Herald que la empresa mantiene excepcionales medidas de
vigilancia sobre sus almacenes, debido a los constantes desfalcos de
materiales.

"El robo aquí ha sido constante desde que se abrió la firma'', expresó
el empleado. ''Los jefes tienen que estar a cuatro ojos todo el tiempo''.

Espinosa Chepe observó que desde el pasado año las autoridades han
reforzado los controles de los artesanos que circulan en plena calle con
carretillas o utilizan camiones vinculados a la venta y reparación de
colchones. Se han reportado también allanamientos y confiscación de
talleres clandestinos, con multas para decenas de fabricantes ilegales.

"Existen brigadas de seis u ocho personas que pregonan por los barrios
el cambio de colchones nuevos por viejos'', relató Alfonso. "Si lo
aceptas, corres el riesgo de que el colchón nuevo tenga paja seca y
muelles viejos''.

De acuerdo con Alfonso, esos fabricantes generalmente proceden de la
provincia La Habana y se mueven con todos los recursos encima, por si
tienen que realizar reparaciones a domicilio.

Fue justamente en el poblado de Guanajay, al oeste de La Habana, donde
la bloguera e historiadora Ingeborg Portales descubrió el pasado año un
taller casero de colchones de paja, durante una visita a la isla.

"Fue como una imagen del Medioevo'', contó Portales, quien documentó
fotográficamente todo el proceso de confección de los colchones. "Es un
trabajo agotador que le permite a esta gente sobrevivir a duras penas,
si es que la policía no les confisca los colchones por no tener licencia
para hacerlos y venderlos''.

Portales, que vive en Miami desde el 2004, narró que los colchoneros
adquieren los sacos de yerba a 5 pesos cubanos y la ponen a secar al
sol. Además, le compran a los basureros la tela de los sacos que usan
para intercalar entre la paja y la armadura de muelles. Las agujas
metálicas para coser el colchón son de fabricación artesanal.

"Los sacos son los que usan los basureros para recoger los desperdicios
y que, en lugar de botarlos, los lavan en el río y los revenden a 1 peso
cubano'', agregó Portales, quien viajó a Cuba en junio del 2008. "La
tela es de sábanas que ellos mismos compran en el mercado negro, robadas
de las textileras del gobierno''.

De cerca de 40 fotos tomadas a los colchoneros cubanos, Portales divulgó
algunas en la internet tras su regreso de la isla.

El precio de los colchones de paja alcanza entre 600 y 800 pesos cubanos
($25 y $30), y Portales asegura que tienen mucha demanda entre los vecinos.

Pero no todos los cubanos están dispuestos a buscar el descanso en un
rudimentario rectángulo de paja.

Cary Ruiz, de 43 años y vendedora de electrodomésticos en el Centro
Comercial Carlos III, en La Habana, ahorró parte de las remesas que cada
tres meses le envía su hermana desde Nueva York con el propósito de
comprar en las tiendas estatales un colchón semiortopédico para su madre.

"Es la primera vez que vamos a comprar un colchón después de 10 años'',
confesó la mujer. "El que teníamos no sirve más, los muelles se fueron
partiendo y no tenemos otra opción, pero prefiero escoger algo de calidad''.

La adquisición de un colchón en Cuba ha devenido una odisea tras la
nacionalización empresarial decretada por el gobierno revolucionario en
1960. Se crearon entonces los llamados consolidados estatales para
asumir algunas confecciones de bienes hogareños, pero obtener un colchón
en los establecimientos comerciales se convirtió en una tarea
inconmensurable para la población, y la reducida producción se ofrecía
preferentemente a macheteros de alto rendimiento en las zafras
azucareras y otros trabajadores calificados como "de vanguardia''.

Hasta la irrupción de la crisis económica de los años 90, algunas
tiendas estatales mantuvieron irregularmente ventas de colchones de
producción nacional, en pesos cubanos, para casos de matrimonio y
trabajadores destacados.

Pero esa época es ya historia pasada, especialmente para los más
jóvenes. Los colchones siguen heredándose y pasándose de abuelos a
nietos como objetos preciados.

El gobierno cubano reconoce las carencias de la población y dice estar
haciendo esfuerzos para impulsar las producciones nacionales, a pesar de
los altos costos de las importaciones de materia prima que amerita la
industria de la colchonería. El tema resurgió con fuerza el pasado año
en las asambleas de barrio, centros laborales y reuniones con
funcionarios gubernamentales, luego del paso de tres arrasadores
ciclones que provocaron millonarias pérdidas de viviendas y bienes
hogareños en la isla.

El pasado agosto, un reportaje del diario oficial Granma aseguró que aun
cuando los componentes fundamentales para la fabricación de los
colchones se adquieren en el extranjero, resulta más rentable
producirlos en el país.

Sólo la firma Dujo Copo Flex invirtió el pasado año 297,000 CUC (unos
$368,000) en la compra de tecnología moderna y de medios de transporte
como parte de un plan para producir 6 millones de unidades hasta el
2010, incluyendo colchones y otros bienes para dormitorios, según
declaró a Granma el director de la empresa, Lázaro Viera Valdés.

Sin embargo, una parte de sus confecciones ha ido a parar, por encargo
estatal, a unidades de las Fuerzas Armadas (FAR) y a la llamada
Operación Milagro, el proyecto médico que desde finales del 2004 ha
traído a Cuba a miles de pacientes latinoamericanos para someterlos a
tratamiento oftalmológico. La empresa también reportó en el 2007
exportaciones de colchones hacia Italia y Venezuela.

Para los cubanos de la isla queda también la quimérica opción de que
algún familiar o amigo decida enviarle un colchón desde el exterior.
Diferentes sitios en la internet que se encargan de llevar bienes a Cuba
pueden cobrar por un camero regular entre $400 y $900.

El colchón, una pieza codiciada de hogares cubanos – Ultimas noticias –
El Nuevo Herald (19 July 2009)
http://www.elnuevoherald.com/ultimas-noticias/v-fullstory/story/500580.html

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