Cuba Derechos Humanos

Al sistema cubano le di lo mejor de mi vida pero me defraudaron, me traicionaron

05/07/2009 – 12' 34"
Continúa en el país cuidando a su madre enferma

"Al sistema cubano le di lo mejor de mi vida pero me defraudaron, me
traicionaron", dijo la médica Hilda Molina
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Hilda Molina está en Argentina cuidando a su madre enferma.
Por Claudio Carraud

Hilda Molina, es cubana, médica neurocirujano y una de las científicas
más importantes que ha tenido Cuba. Desde hace más de 15 años viene
luchando por los derechos que –en su país– están restringidos por el
régimen castrista. Su hijo, médico, reside en nuestro país; su esposa y
sus dos hijos son argentinos. El año pasado el gobierno cubano permitió
la salida de la madre de la doctora Molina para viajar a Argentina y
poder reunirse con su nieto y sus bisnietos, a quienes no conocía. Hilda
Molina no tuvo la misma suerte porque no se le otorgó el permiso para
viajar. Finalmente, y luego de mucho tiempo de lucha, el gobierno de
Raúl Castro le otorgó, el mes pasado, el permiso de viaje para poder
venir a nuestro país, reunirse con su familia y ver a su madre que
estaba muy delicada internada en la terapia intensiva del Hospital
Tornú. Merced a las gestiones que había realizado en su momento el
gobierno argentino y al delicado estado de salud de su madre, la doctora
Hilda Molina llegó a Buenos Aires, la madrugada del 14 de junio, para
reunirse con su familia.

–¿Cómo está pasando estos días en nuestro país?
–Todavía me parece que no es real…

–Ya se va a cumplir casi un mes…
–Sí, llegué aquí el día 13, amanecer del 14, faltan unos días para un
mes. Imagínese, disfrutando de mis nietos, cuidando a mi mamá, mi hijo,
mi nuera… todavía me parece que no es real.

–Cómo fue el encuentro con su familia, con sus nietos, que usted no conocía…
–Ellos se han comportado conmigo como si me hubieran visto toda la vida.
El mayor ya es un jovencito y el otro es un niño encantador de 8 años.
Ellos me tratan con mucha naturalidad; yo los miro como con timidez, yo
traigo tanta carga psicológica, tanta tristeza de la vida mía en aquel
lugar, en aquel infierno; no se puede definir de otra manera. Todavía no
me parece real que pueda estar junto a ellos, que pueda conversar con
ellos, que pueda ver que me dicen abuela, que pueda ver a mi hijo y su
esposa viviendo como una familia normal, que pueda atender a mi mamá que
está muy delicada; gracias a Dios a podido salir de aquella terapia
donde estuvo tan grave, porque los médicos argentinos hicieron realmente
un milagro con ella.

–¿Cómo se dio su salida de Cuba? Fue bastante rápido todo…
–A mí me avisa mi familia, dos semanas antes de que a mí me dieran el
permiso, que mi mamá está grave, ingresada con una insuficiencia
cardiaca con un fallo renal, en una terapia intensiva, imagínese como yo
me desesperé. Entonces le hice una carta al general Raúl Castro, que es
el presidente Cubano ahora, explicándole la situación y pidiéndole que
lo comprobara -ellos tienen todos los mecanismos para comprobar las
situaciones- y diciéndole que como ellos tenían tanto interés en tenerme
en Cuba, yo estaba dispuesta a ir a una iglesia y delante de Dios hacer
un juramento formal de que cuando yo le cerrara los ojos a mi madre,
regresaba para Cuba para que hicieran conmigo lo que quisieran, pero que
no podía pensar que mi madre se fuera a morir desesperada, en una
terapia de otro país, pidiendo ver a su hija. Además de eso, empecé a
apelar de nuevo a la Iglesia Católica, a personalidades de todas partes,
se hicieron cadenas de oración en Cuba porque mi mamá es una católica
comprometida y es muy querida en la comunidad católica cubana; se movió
el gobierno argentino, obviamente supo la situación que había y
volvieron a insistir en sus gestiones hasta que el día 12 de junio
recibí sorpresivamente la noticia de que pasara por el departamento de
migración a recoger mi pasaporte.

–Fue una verdadera sorpresa, me imagino…
–Sí, fue una sorpresa muy grande porque allá en Cuba, mi pasaporte me lo
tienen retenido y no me lo dan. A otras personas se lo dan porque en
Cuba con el pasaporte no se puede hacer nada, hay que tener el permiso
de viaje que hay que tramitarlo después del pasaporte. Yo le pregunté a
la oficial que me estaba atendiendo si yo podía iniciar mi permiso de
viaje y me dice "no, no, aquí tiene su permiso de viaje"; me lo entregó
todo junto.

–¿Y cuál era, hasta ahora, la explicación del gobierno cubano de negarse
a su salida de Cuba?
–La explicación que ellos me dieron -siempre verbalmente- fue que yo era
una científica muy importante y que mi cerebro era patrimonio del país.
Yo creo que el motivo es que no se ha producido en toda la historia de
este sistema comunista que ya tiene 50 años en Cuba, una situación de
que una persona que hubiera llegado a la posición científica que yo
llegué; inclusive a través de esa posición científica era diputada en el
parlamento unicameral cubano, que dentro del país le hubiera renunciado
como yo lo hice, públicamente, hubiera roto con el gobierno, lo que hice
hace más de quince años, eso nadie lo ha hecho antes en Cuba. Y a mí me
habían condecorado con las más grandes condecoraciones que le dan a los
científicos y yo devolví todo eso como protesta. Yo estaba disgustada
por muchas cosas, pero fundamentalmente por la discriminación que sufren
en Cuba los pacientes cubanos con respecto a los extranjeros. Es decir,
que los pacientes extranjeros son mejor atendidos que los cubanos y que
se pretendía que eso sucediera en la institución que yo había fundado y
que dirigía.

–Ahí nace su división pública con el gobierno…
–Sí, yo venía disgustada desde hacía tiempo por cosas, pero decía; yo no
soy política, yo soy médico, científica, y quiero poder atender a mis
compatriotas. Luche mucho por ese Centro. Busqué asesoría, ayuda de los
científicos de todas partes del mundo a los cuales les escribía
constantemente y ellos fueron a Cuba, me ayudaron y se fundó aquel
Centro. Yo era muy feliz de que mis compatriotas, los más pobres, los
más necesitados, los más enfermos de Cuba, de enfermedades neurológicas
se pudieran atender en ese Centro que era maravilloso. No entendí nunca
que el gobierno pretendiera que aquello que había sido creado para
cubanos; que era tan bueno, funcionaba tan bien, tuviera que ser para
extranjeros como eran las clínicas importantes que hay en Cuba. Entonces
yo lo discutí, inclusive el señor Fidel Castro era un visitante asiduo
de ese Centro, le expliqué el problema que yo estaba enfrentando y él me
dio la razón, me dijo que eso no era para extranjeros. Le pedí ayuda
pero al final, me quedé sola en esa pelea. Y cuando me di cuenta que
estaba peleando por algo que no se iba a resolver, porque este tipo de
gobiernos totalitarios no admite que uno discrepe nada aunque tenga toda
la razón; dije yo voy a romper con estos señores porque no voy aceptar
trabajar discriminando a mis compatriotas enfermos. Mi hijo, que tenía
para hacer un pos grado en Japón, tenía pendiente esa salida a Japón y
le pedí que no regresara a Cuba cuando terminara, porque yo iba a
renunciar. No quería renunciar con mi hijo en Cuba porque sabía que las
represalias iban a ser contra mi hijo. Le pedí que viniera para
Argentina porque él ya estaba casado con su esposa Verónica que es
argentina. Entonces esperé, tan pronto salió para Japón presenté la
renuncia de todo y mi protesta por lo que estaba sucediendo y eso,
gobierno cubano, lisa y llanamente no lo acepta.

–¿Cómo ve usted, una persona que estaba en ámbito de la salud, el
sistema de salud cubano?
–El sistema de salud en Cuba tuvo una época que fue excelente, tiene una
serie de cualidades positivas. Un sistema universal que llega a todas
partes del país; no hay un rincón del país donde no llegue el sistema de
salud. Es gratuito, no hay que pagar. Va desde el nivel de atención
primaria hasta centros científicos de alto nivel; esto es innegable. En
la década del '70 y el '80 fue un sistema de salud excelente,
prácticamente no tenía defectos. Con el tiempo el sistema se ha ido
deteriorando mucho, en mi opinión. Porque lo más importante en un
sistema de salud son las personas, más que los recursos materiales y
realmente el pueblo de Cuba y -como parte del pueblo de Cuba el personal
que trabaja en el sistema de salud- está agotado psicológicamente. Son
cincuenta años viviendo sin libertades, cincuenta años viviendo
situaciones muy anormales. Sin libertad, sin una serie de derechos
fundamentales, el hombre que crece así y está tantos años sin libertad,
se enferma psicológicamente aunque no lo sepa. La gente está hastiada,
asfixiada. Hay corrupción; se roban las cosas de los hospitales, los
médicos, los enfermeros, en muchos lugares están cobrando. No me refiero
al gobierno, me refiero en las propias instituciones del gobierno que
son las únicas que existen en Cuba. Usted llega a algunos lugares y para
ser mejor atendido tiene que pagarle directamente al médico, a la
enfermera, al que hace los análisis, al que le hace los estudios
radiológicos, como sucedió -exactamente igual- en los países del bloque
comunista. Yo visité esos países y pude ver aquello, y me sorprendió,
hay problemas, hay muchas instituciones deterioradas.

–¿Usted nota que la sociedad cubana está cansada de este régimen?
–Muchos no están conscientes de eso, es una sociedad enferma
psicológicamente. Hay instituciones que están muy deterioradas. Hay una
salida masiva del personal de la salud hacia otros países y existen
lugares donde faltan médicos, enfermeros. Son miles de miembros del
sistema de salud que andan dispersos por el mundo. Creo que es muy buena
la solidaridad, pero uno tiene que empezar por resolver sus problemas
internos para después prestar esa ayuda. Son países donde no hay
catástrofe, ni terremotos, ni huracanes, es una ayuda en época de paz y
no de catástrofe. Esa es la situación de un sistema de salud que fue muy
bueno en una época.

–¿Qué nota usted, que ha cambiado con Raúl Castro con respecto a Fidel?
–Realmente, hasta el momento que yo salí, no había cambiado nada. Claro,
ellos son dos personas diferentes. Los cubanos tuvimos algunas
esperanzas con Raúl Castro porque él, de la forma en que habló en su
discurso, parecía que iba a hacer algunos cambios, por ejemplo eliminar
el famosísimo "permiso de viaje" que los cubanos tenemos que solicitar
como si fuéramos esclavos, la gente anhela eso. Hay más de 3 millones de
cubanos fuera de Cuba que se han ido para diferentes partes del mundo y
los cubanos, como todos los seres civilizados, queremos mucho a la
familia y cada vez que un cubano va a entrar o salir de Cuba tiene que
estar pidiendo ese permiso. Entonces se pensó, por la forma en que Raúl
Castro habló, que iba a eliminar el permiso, pero no lo ha eliminado.
Eliminó algunas restricciones muy ridículas que existían en la época del
señor Fidel Castro, como por ejemplo; los cubanos no podíamos tener
computadora, estaba prohibido; no podíamos tener teléfonos móviles, ni
microondas en las casas, ni equipos de música, y los cubanos no tenían
derecho a concurrir a los hoteles…

–Continúan las restricciones con respecto al acceso a Internet…
–Sí, se compran computadoras pero para tenerlas de máquinas de escribir.
Hay Internet en lugares estatales, en los cibercafés que hay que pagar
en divisa (dólares), que funcionan malísimo, que están censurados, que
es más bien una intranet que una Internet, pero lo que es el acceso
privado a Internet no existe.

–¿Cómo ve el futuro de su país?
–Bueno, hay personas que piensan y hablan de transición. Yo no soy una
analista política pero si observo mucho. A mí me parece que los señores
que están en el poder, que en definitiva este es el mismo gobierno, no
están dispuestos a salir del poder, están muy enraizados ahí. En este
momento Raúl Castro tiene una estructura militar. El era ministro del
ejército y ha ido situando generales y personas de su absoluta confianza
en diferentes posiciones civiles y son personas muy fieles a Raúl
Castro, muy fieles al sistema. Yo por lo menos -ojalá me equivoque- no
creo que vayan a abandonar. Me parece que la idea de él, por lo que yo
he podido ir leyendo y observando es que tal vez quieran llevar a Cuba
por el camino de China; hacer algunos cambios, alguna discreta apertura
económica que le permita al pueblo salir de esa crisis y de esa
situación económica extremadamente precaria que está viviendo el pueblo
de Cuba y entonces mantener esa dictadura, yo creo que es ese el camino
que quiere Raúl Castro.

–¿Piensa volver a su país?
–Es la idea que yo tengo, todo depende de la situación de mi mamá. En el
estado que ella está no la voy a dejar. La persona que me dio los
documentos me dijo que yo tenía la posibilidad de prorrogar el permiso.
Se va a la embajada, se pide una prórroga y ahí hay que comenzar a pagar
una multa mensual en divisa, en dólares, pero bueno…por lo menos me
dieron esa opción. Mi mamá está muy delicada y yo estoy atendiéndola
directamente, está muy viejita. En estos momentos no está en condiciones
de viajar, salió de la terapia por un milagro de Dios y de los médicos
argentinos. Si Dios me permitiera regresar junto con ella realmente lo
haría porque ese es un deseo que ella siempre ha tenido. Esperaré a ver
que sucede con ella; mientras ella me necesite, yo le pido prórroga al
gobierno cubano. Lo que sí, mientras esté aquí no me pienso callar lo
que está sucediendo y ha sucedido en mi patria. Sé que le molesta al
gobierno, sé que le molesta a sus voceros aquí en la Argentina, pero yo
procedo del mismo sistema, al cual entré a los 15 años, confiando,
creyendo, amando ese sistema, le di lo mejor de mi vida y de mi
juventud, pero me defraudaron, me traicionaron como traicionaron a
muchos, muchísimos, a miles de cubanos de mi generación y yo creo que es
bueno que el mundo sepa.

http://www.analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=105377

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